Washington. El expresidente Donald Trump ha generado polémica al exigir que el equipo de fútbol americano de Washington restaure su antiguo nombre, considerado ampliamente como un término despectivo hacia los pueblos indígenas. Esta demanda ha reavivado el debate sobre las mascotas deportivas con estereotipos nativos, pese a décadas de evidencia científica que demuestra sus efectos perjudiciales en la salud mental de las comunidades originarias.
“Este es un gran recordatorio de que con esta administración damos pasos hacia atrás”, afirmó Mark Macarro, presidente del Congreso Nacional de Indios Americanos (NCAI, por sus siglas en inglés), una organización que ha luchado desde la década de 1950 contra los estereotipos de los pueblos originarios. Macarro señaló que múltiples estudios han demostrado cómo estas representaciones afectan especialmente a los jóvenes indígenas, contribuyendo a mayores tasas de depresión, autolesiones, abuso de sustancias e incluso suicidio.
En 2001, la Asociación Americana de Psicología recomendó eliminar las mascotas con temática indígena en todos los niveles debido a su impacto negativo en la autoestima y el bienestar emocional de los niños nativos.
Pese a esta evidencia, Trump insiste en que los equipos que cambiaron sus nombres para “complacer a la izquierda progresista” deberían revertir esa decisión. “Gracias al presidente Trump, los días de la corrección política y la cultura de la cancelación han terminado”, declaró su portavoz, Davis Ingle.
El equipo de Washington retiró su antiguo nombre en 2020 bajo presión social y adoptó el nombre “Comandantes”. Ese mismo año, los entonces “Indios” de Cleveland se convirtieron en los “Guardianes”. Sin embargo, otros equipos como los “Jefes” de Kansas City (NFL) y los “Halcones Negros” de Chicago (NHL) han resistido los llamados a cambiar sus nombres, pese a las críticas y restricciones internas como la prohibición de tocados y pintura facial en los estadios.
Actualmente, más de 1,500 escuelas en EE. UU. todavía utilizan mascotas nativas, aunque la cifra ha disminuido en años recientes. Algunas continúan empleando nombres abiertamente ofensivos como Savages.
Investigadores como Stephanie Fryberg, de la Universidad Northwestern y miembro de las Tribus Tulalip, han advertido que estas representaciones refuerzan el racismo estructural y perpetúan prejuicios, incluso entre quienes trabajan con comunidades indígenas, como docentes o personal sanitario.
“El impacto final, consciente o no, es el sesgo en la sociedad estadounidense”, explicó Fryberg.
En estados como Maine, Oregón, Washington, Colorado y Nueva York ya se han aprobado leyes para eliminar estas mascotas de escuelas públicas. Sin embargo, otras iniciativas, como en Illinois, siguen enfrentando obstáculos políticos.
El debate también toca aspectos educativos más amplios. Sarah Shear, profesora de la Universidad de Washington, advierte que la mayoría de las escuelas en EE. UU. enseñan sobre los pueblos indígenas solo hasta el siglo XIX. “No me sorprende que Trump y otros insistan en que estas mascotas son un homenaje, cuando la realidad histórica y actual de los pueblos indígenas está sistemáticamente ausente del currículo escolar”, señaló.
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