Antier, 6 de mayo, Donald Trump planteó una inquietante posibilidad: “Posiblemente empezaremos a renegociar el T-MEC… No sé si sea necesario renegociar el T-MEC ya”. Posteriormente, describió el tratado como un “acuerdo transitorio” que podría “ya no ser necesario”, sugiriendo incluso su eliminación. Esta declaración se produjo tras la imposición de aranceles del 25% a productos importados desde México y Canadá que no cumplen estrictamente con las normas del tratado. Así, el T-MEC se encuentra nuevamente en una situación de vulnerabilidad.
La reacción en México, Washington y en los círculos financieros internacionales ha sido de sorpresa. Muchos se cuestionan cómo es posible que Trump, habiendo ya renegociado el acuerdo, esté dispuesto a arriesgarlo apenas cinco años después. Sin embargo, este desarrollo es una consecuencia esperada. Trump ha mantenido una postura clara y firme: cualquier acuerdo solo tiene valor mientras ofrezca ventajas absolutas a Estados Unidos. Si este equilibrio se percibe como amenazado, el acuerdo debe ser modificado o anulado.
La historia de su retórica negativa hacia los acuerdos comerciales es larga. Desde 1987, ha denunciado el abuso comercial de Japón, y en años posteriores ha calificado al TLCAN de diversas maneras, desde “catástrofe” hasta “asesino de empleos”. En 2018, estableció el T-MEC, que ahora vuelve a poner en tela de juicio. Su visión del comercio no se basa en el intercambio equitativo, sino en una perspectiva de suma cero, donde solo uno puede salir beneficiado. Este enfoque dogmático no admite matices, ni contempla las consecuencias que nuevas tensiones comerciales puedan acarrear, como el daño a las cadenas de suministro o el incremento de la inflación.
Ahora, México está nuevamente en la mira. La situación va más allá de endurecer reglas específicas; se trata de una revaluación completa del acuerdo, amenazando con nuevos aranceles. Desde el 2 de abril, solo aquellos productos que cumplan con las reglas del T-MEC han sido exentos de sanciones.
Frente a esta situación, Claudia Sheinbaum, presidenta de México, ha afirmado que el país defenderá el T-MEC y se prepara para cualquier eventualidad. No obstante, su declaración requiere una exploración más profunda. ¿Cuál es realmente la estrategia comercial? ¿Se cuenta con una agenda de negociación sólida? ¿Existen planes concretos ante posibles represalias? El desafío no es solo técnico; se trata de una cuestión política que implica cómo contrarrestar a un presidente que aborda el comercio desde una perspectiva de imposición.
Esta información corresponde a la fecha de publicación original (2025-05-07). Es esencial observar cómo se desarrollan los acontecimientos en el futuro, dada la importancia del T-MEC para la economía de América del Norte.
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