En un desarrollo significativo del conflicto entre Ucrania y Rusia, el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, confirmó una nueva ofensiva contra la refinería de petróleo de Ufa, situada en la capital de la región de Bashkiria. Este ataque se produce a más de 1.300 kilómetros de la línea del frente más cercana a Ucrania y reafirma la estrategia de Kiev de impactar la infraestructura petrolera rusa. La refinería de Ufa, reconocida por ser una de las principales productoras de lubricantes, ya había sido blanco de una ofensiva anterior el 25 de junio, como parte de una serie de bombardeos a larga distancia destinados a debilitar la industria energética de Rusia.
Zelensky destacó que cada día se avanza en un plan de sanciones “ucranianas de largo alcance”, agradeciendo a sus tropas por su precisión en los ataques. En su mensaje, también expresó la necesidad de llegar a un acuerdo de paz y reiteró que la actual ofensiva es una respuesta legítima a las agresiones rusas. El mandatario insistió en que Rusia debe entender la urgencia de poner fin a su guerra.
La situación del combustible en Rusia se ha vuelto crítica, un hecho sorprendente para uno de los principales productores de energía del mundo. El propio presidente Vladímir Putin admitió los problemas que enfrenta la población, incluyendo colas en las estaciones de servicio y la dificultad para encontrar el octanaje adecuado. A pesar de sus intentos por calmar la situación, los testimonios en Moscú reflejan una creciente preocupación, con ciudadanos afirmando que la realidad cotidiana dista de las declaraciones oficiales.
Desde finales de marzo, Ucrania ha llevado a cabo más de 50 ofensivas contra refinerías y otras instalaciones energéticas en Rusia y Crimea, poniendo presión sobre la capacidad de producción. La refinería de Tuapse, situada en el Mar Negro, ha sido atacada en múltiples ocasiones, indicando una táctica deliberada para debilitar el suministro energético ruso.
El impacto de estas ofensivas se ha traducido en una notable disminución de la producción de combustible en Rusia. Datos recientes revelan que el crudo procesado en junio alcanzó 3,95 millones de barriles diarios, un descenso del 25% respecto al año anterior, lo que representa el nivel más bajo en más de dos décadas. Asimismo, la producción de gasolina cayó un 17%, alcanzando solo 850.000 barriles diarios, cifra insuficiente para cubrir las necesidades internas.
La crisis del combustible ha comenzado a afectar de manera tangible la vida diaria de los rusos, evidenciando las consecuencias de este prolongado conflicto. Mientras tanto, Ucrania continúa con sus esfuerzos para asestar golpes a la infraestructura energética de su adversario, manteniendo el foco en la búsqueda de una resolución pacífica al prolongado enfrentamiento.
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