El 9 de febrero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que permitirá la importación de 80,000 toneladas métricas de carne magra de Argentina. Esta medida surge en respuesta a un alarmante desabastecimiento en el mercado interno estadounidense, causado por sequías e incendios que han afectado gravemente la producción local. La Casa Blanca indica que el suministro nacional de carne “será insuficiente para satisfacer la demanda a precios razonables”.
Esta cuota de carne de res será distribuida en cuatro tramos trimestrales de 20,000 toneladas cada uno, con el primer envío programado para el 13 de febrero. La decisión de Trump busca estabilizar los precios, que han alcanzado niveles récord, alcanzando hasta 6.69 dólares por libra a finales de 2025, según la Oficina de Estadísticas Laborales.
La firma de esta orden ocurre tras la visita del presidente argentino, Javier Milei, a Miami en noviembre de 2025 para el America Business Forum. Durante su visita, Milei anticipó que Trump favorecería a Argentina con una cuota de importación de carne, lo que refleja la creciente cooperación comercial entre ambos países. Este respaldo también se ha manifestado en el ámbito financiero; el Departamento del Tesoro de EE.UU. apoyó las gestiones de Milei ante el Fondo Monetario Internacional, facilitando un esquema de asistencia que incluye compromisos financieros de aproximadamente 40,000 millones de dólares.
Además, un día antes de la firma de la orden, ambos países acordaron eliminar aranceles recíprocos para más de 2,000 productos en una variedad de sectores productivos. Este pacto, que entrará en vigor 60 días después del intercambio de notificaciones, busca profundizar la cooperación bilateral en comercio e inversión. Sin embargo, el acuerdo también implica compromisos regulatorios significativos para Argentina, que deberá alinearse con las regulaciones estadounidenses en diversas áreas desde propiedad intelectual hasta trabajo infantil.
A pesar de las oportunidades que este acuerdo ofrece para las exportaciones argentinas, especialmente en la carne, muchos analistas advierten que hay un creciente desequilibrio en las concesiones. Argentina enfrentará obligaciones específicas y estrictas, mientras que Estados Unidos se limitará a reducir aranceles y considerar el financiamiento de proyectos argentinos.
La implementación efectiva de este acuerdo dependerá en gran medida de la capacidad del gobierno argentino para cumplir con plazos ajustados y reformar marcos regulatorios en áreas sensibles. En medio de un contexto geopolítico complejo, las decisiones que se tomen a partir de ahora podrían tener un impacto duradero en las relaciones comerciales entre ambos países.
Este desarrollo representa una etapa crucial en la búsqueda de Argentina por estabilizar su economía mientras fortalece sus lazos con su poderoso vecino del norte.
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