En un caluroso primer domingo de diciembre de 2025, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) abrió sus puertas a un mar de lectores. Desde temprano, cientos de estudiantes, familias y amantes de la literatura llegaron ansiosos a este emblemático evento, reconociendo la magnitud de la convocatoria con largas filas y un bullicio que auguraba un día repleto de actividades.
A partir de las 11 horas, los pasillos de la FIL comenzaron a vibrar con el movimiento incesante de visitantes. Figuras destacadas en el mundo editorial como el Fondo de Cultura Económica, Planeta y Almadía presentaban sus ofertas a un público ávido de conocimientos. Este año, la feria contó con 2,800 expositores, una cifra que refleja su creciente popularidad y el compromiso con la difusión de la lectura.
La jornada transcurría entre helados y bebidas frías, una necesidad ante el calor del sol, mientras las numerosas bolsas de compras comenzaban a llenarse. Entre los asistentes se encontraba Carlos, un habitual de la feria que regresaba año tras año. Su entusiasmo por las presentaciones y debates fue palpable, destacando que la FIL no solo es una oportunidad para adquirir libros, sino también un espacio de encuentro donde el conocimiento fluye a través de discusiones sobre divulgación científica y filosofía.
Por otra parte, Ana Teresa Guzmán, en busca de libros infantiles para su nieto, compartió que la lectura es una herramienta poderosa para abordar miedos y emociones, especialmente tras la pérdida de un ser querido. Su elección de títulos enfocados en el miedo y la muerte denota un enfoque sensible hacia la educación emocional de los niños.
El ambiente inclusivo de la fil se extendía, encontrando a una pareja de la tercera edad que compartía su amor por los libros al comprar obras clásicas para sus nietos. Esta pareja ejemplificaba el valor de los libros como legado familiar, un recurso invaluable para el crecimiento de las nuevas generaciones.
Iván, un joven de 19 años y reciente aceptado en la Universidad de Guadalajara, también se sintió inspirado por la feria. Con un presupuesto limitado, encontró un manual de teoría jurídica a un precio asequible, resaltando una realidad: la FIL ofrece acceso a la literatura y al conocimiento sin necesidad de realizar grandes inversiones.
En un rincón del área juvenil, una narradora capturaba la atención de los más pequeños con relatos de El Principito, mientras que hermanos menores de siete años compartían risas a través de títulos cómicos. Este intercambio de historias y risas fue una de las muchas dinámicas que enriquecieron la experiencia de la feria, un fenómeno cultural que va más allá de la compra de libros.
Las observaciones realizadas por un representante editorial dejaron claro que hay preferencias diferenciadas entre los asistentes: los niños disfrutan de la fantasía, los jóvenes buscan novelas contemporáneas, y los adultos presentan intereses bien definidos. En esta edición, destacó la presentación de El otro Nobel, una obra que ofrece una mirada introspectiva a la vida de autores contemporáneos.
A medida que avanzaba el día, las postales que dominaban el evento reflejaban la esencia de la FIL: familias compartiendo recomendaciones, grupos de estudiantes intercambiando ideas, y niños posando orgullosos con sus primeras adquisiciones literarias. La feria, que continuará en Expo Guadalajara hasta el 7 de diciembre, aún tiene mucho que ofrecer.
Para quienes aún no han explorado este universo de libros, la FIL de Guadalajara se erige como una invitación a sumergirse en el conocimiento y la maravilla de la literatura. La experiencia es una celebración de la lectura y la hipnotizante danza de las palabras, una vivencia que invita a todos a descubrir su propia historia entre las páginas de un libro.
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