En un sorprendente desarrollo que resalta las tensiones entre la libertad artística y las restricciones impuestas por el gobierno chino, el Victoria and Albert Museum (V&A) ha accedido a las demandas de C&C Offset Printing, una empresa con sede en China, para eliminar imágenes de sus catálogos de exposiciones. Esta decisión, revelada recientemente tras solicitudes de información, pone de relieve cómo instituciones culturales prominentes del Reino Unido están lidiando con las exigencias de censura de un país cuyos principios de control de la información afectan incluso al contenido educativo y artístico.
El V&A, al igual que otras instituciones de renombre como el Museo Británico, Tate y la Biblioteca Británica, ha optado por la impresión en China debido a los ahorros significativos que ofrece—hasta la mitad del coste comparado con imprentas británicas o europeas. Sin embargo, este ahorro tiene un precio alto: los museos deben ceder ante las solicitudes de censura sobre temas considerados sensibles por el gobierno de Pekín. Esto incluye cuestiones relacionadas con el budismo, Taiwán, el Tíbet, la Plaza de Tiananmen y actividades pro-democráticas.
Recientemente, en el catálogo de la exposición “Music is Black”, el V&A enfrentó un desafío inesperado cuando un mapa histórico de las rutas comerciales del Imperio Británico fue sancionado por la Administración General de Prensa y Publicación (GAPP) de China, debido a que incluía un límite territorial de China. En un intercambio por correo electrónico entre el museo y los impresores, se detalló que el mapa debía ser retirado o reemplazado, una situación que generó retrasos considerables en la producción del catálogo.
De hecho, los correos electrónicos revelaron la frustración del personal del V&A al lidiar con este tipo de censura. A pesar de que la decisión pareció extraña —considerando que el mapa simplemente era una representación de la historia colonial británica—, la tierna celeridad administrativa de un día se detuvo para rectificar un contenido que, en teoría, no debería haber sido problemática. Finalmente, se optó por sustituir el mapa por una fotografía de personas desembarcando en el puerto de Southampton.
Este no es un incidente aislado. En otra ocasión, el museo también eliminó un mapa de un catálogo de una exposición sobre los huevos Fabergé y excluyó una fotografía de Lenin, también catalogado como “sensible” por GAPP. Estos episodios subrayan las limitaciones que enfrentan incluso las instituciones más icónicas cuando buscan evitar conflictos con una autoridad que tiene un control riguroso sobre lo que se publica.
A pesar de los reveses, el V&A se defendió afirmando que los cambios solicitados eran “menores” y que mantendrían un estricto control editorial. Aun así, esta postura resuena con la esquizofrenia que ha devenido en un diálogo sobre la necesidad de asociación con imprentas chinas en un tiempo donde la calidad se encuentra en disputa con la integridad de los contenidos.
Mientras que el V&A insiste en el control editorial, otros museos como el Museo Británico y la Biblioteca Británica se niegan a comentar sobre cómo manejan las demandas de censura. Sin embargo, a medida que los costos de impresión en el Reino Unido ascienden, muchos editores se ven obligados a reevaluar dónde y cómo producen su material, enfrentándose a la dura realidad de que la impresión más económica a menudo viene con condiciones inaceptables.
Un comentarista anónimo del sector editorial resaltó que la búsqueda de alternativas más asequibles en la impresión ha llevado a un aumento en la carga de trabajo relacionada con la gestión de contenido sensible, sugiriendo que el deseo de reducir costos no debería comprometer la libertad de expresión artística. Esta situación, por lo tanto, plantea una inquietante pregunta sobre el futuro de la cultura y la historia en las publicaciones del Reino Unido.
A medida que el V&A y otras instituciones continúan navegando por estas aguas peligrosas en la producción de sus catálogos, queda por ver si el compromiso con la censura es un precio que están dispuestos a pagar a largo plazo. Las decisiones que tomen en el futuro no solo afectarán su reputación, sino también la manera en que el público percibe la historia y la cultura que estos museos se esfuerzan por preservar y presentar.
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