En los oscuros rincones de la espiritualidad, emergen cofradías que exploran las fronteras del ser y el no ser. Una de estas enigmáticas sociedades se enfrenta a un inquebrantable ritual: alcanzar las puertas de la muerte sin sucumbir a ella. Un viaje que, aunque puede parecer sencillo, es una ardua tarea que dura trece años, un periplo que muchos no logran completar. En este contexto, quienes fallan en la búsqueda de la paz del no ser quedan irremediablemente atrapados en un limbo existencial.
Este relato se centra en una aspirante que, a pesar de sus suficientes méritos, decidió renunciar a su ascenso en la cofradía, eludiendo el momento de sellar sus votos. Su decisión, guiada por una revelación en las prácticas de adivinación, llevó a sus compañeras a considerarla la mejor entre ellas y una candidata ideal para encarnar los misterios de la orden. Sin embargo, su rechazo a asumir el papel que le correspondía fue visto como un acto de soberbia, resultando en su expulsión de la comunidad.
La cofradía, conocida por su exclusividad y el aire de espiritualidad que emanaba, fue al principio un negocio que aprovechó un paraje rural olvidado. Con el tiempo, se transformó en un santuario donde dignatarios y multimillonarios se entregaban a rituales de austeridad extrema, buscando redención entre sus muros. Aquellas criaturas, denominadas selfeidas, llevaban a cabo un arduo trabajo de espiritualidad, luchando con los peligros de la existencia en un entorno propicio para el desvanecimiento del yo.
Sin embargo, tras la expulsión de la aspirante, la cofradía perdió su singularidad. La deserción de la mejor entre sus filas marcó el ocaso de la comunidad, causando que los filántropos se abstuvieran de visitar el fértil Valle de Lágrimas, un lugar que había sido un refugio para las almas en busca de redención. En su cierre, el paisaje se vació rápidamente, dejando solo ecos de momentos pasados donde se acordaban destinos en torno a la espiritualidad.
Al desmantelar esta legendaria cofradía, la naturaleza comenzó a reinsertarse en el entorno desolado: linces, lobos y osos exploraban un ámbito donde la humanidad había dejado su huella. La aspirante, después de ser relegada por su comunidad, fue dejada en un hotel de bajo perfil, con identidad fabricada y algo de dinero. Utilizando su aguda intuición, se aventuró a las carreteras en busca de su morada perdida, un espacio de paz que había dejado atrás.
Las restantes miembros de la comunidad enfrentaron un destino menos digno, exhibidas en ferias y espectáculos, olvidando la profundidad de su conexión espiritual. La administración optó por borrar sus huellas, en un intento de mantener vivo el mito de las selfeidas frente a la adversidad de su caída. Años después, una empresa responsable de eliminar estos vínculos comenzó a cuestionar la veracidad de lo ocurrido, pero se encontraron con un silencio que resonaba tanto en el contexto como en las leyendas.
En un momento donde las historias se funden con la realidad, queda por ver si lo que se considera mito tiene raíces en verdades olvidadas. ¿Es esta una simple anécdota de un negocio fallido, o todavía persiste el eco de las criaturas numinosas en el aire que rodea aquellos parajes solitarios? La búsqueda de respuestas continúa, así como la fascinación por lo desconocido que nos rodea.
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