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Vestido pintado a mano dio forma a la boda en Carmel Valley

por en LifestyleTiempo de lectura: 2 min
Vestido pintado a mano dio forma a la boda en Carmel Valley.

En un relato que combina el arte y el amor, la artista Mackenzie Cantor y el empresario Benjamin Taft compartieron una amistosa relación que floreció en algo más profundo después de seis años. Durante su tiempo universitario, Ben guardó sentimientos por Mackenzie, que finalmente los llevaron a un viaje inesperado a la Copa Mundial en Qatar en 2022. Este viaje se convirtió en su primera cita, con la intuición de que tendría un desenlace significativo: “O nos dejaríamos de hablar, o acabaríamos casándonos”, confiesa Ben. Su historia tomó un giro romántico cuando, tras esa aventura, disfrutaron de su luna de miel durante la final del Mundial del año siguiente.

En marzo de 2025, Ben sorprendió a Mackenzie con una propuesta de matrimonio justo antes de su exposición en Nueva York. En una estrategia cuidadosamente planificada, organizó que su novia llegara antes para ser entrevistada por un periodista, quien también era fotógrafo. Mientras desarrollaban la sesión de fotos, Ben tomó la oportunidad de arrodillarse frente a una de las obras más significativas de Mackenzie. “Espero que no te importe si me uno a la foto”, bromeó, antes de hacer la tan esperada pregunta. Mackenzie rememora con emoción este momento íntimo en la galería, seguido de una celebración con amigos y familiares esa misma noche.

El 6 de junio de 2026, la pareja se dio el “sí” en el Carmel Valley Ranch de California, un lugar que se ha convertido en un refugio para ellos a lo largo de los años. “Es un sitio que visitamos varias veces al año, lo que nos brinda confort y tranquilidad”, explica Mackenzie. Como artista, deseaba que el fin de semana de la boda fuera una experiencia intencionada y coherente. Para ello, colaboró con la planificadora Sophia Goff, quien logró materializar la visión creativa de la pareja. Mientras Mackenzie se encargó de la estética, Ben asumió la responsabilidad musical, eligiendo cuidadosamente las listas de reproducción y la música en vivo durante la recepción.

La búsqueda del vestido perfecto fue crucial para Mackenzie. “Desde el principio supe que quería un vestido pintado a mano de Danielle Frankel”, comenta. La fusión entre su arte y su atuendo le otorgó un significado especial al momento. Aunque se enamoró del vestido Juniper, trabajó en conjunto con el equipo de diseño para hacer modificaciones que reflejaran su estilo. “Adaptamos la silueta, los colores y complementamos detalles para que el vestido se convirtiera en una obra maestra”, detalla Mackenzie. La paleta de colores del vestido, en suaves tonos crema y azul pastel, se convirtió también en el hilo conductor de la decoración floral de la boda, creando una atmósfera armónica y cautivadora.

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Datos basados en información reportada originalmente por vogue.com.

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