De un primer vistazo, Irán puede presentarse como un Estado democrático. Sus ciudadanos eligen a un Parlamento cada cuatro años y también al presidente del país. Mirando un poco más de cerca, empiezan a surgir otras cosas. Para empezar, la discriminación de género hace imposible que se pueda escoger a una mujer para dirigir el gobierno. No solo eso. Existen instituciones que no son democráticas, que acumulan mucho poder. Por último, Irán tiene una red de organizaciones y poderes ocultos que dominan también gran parte de la vida pública. Y por encima de toda esta estructura, la religión. El vídeo que encabeza esta noticia explica cómo se reparte el poder en Irán. La analista política y colaboradora de Agenda Pública, Ana Belén Soage, traza el esquema de las instituciones que dirigen el destino de Irán.
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Datos basados en información reportada originalmente por elpais.com.





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