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Vivencias Ciudadanas: Morelos: La cultura echada a un lado

por en ColumnasTiempo de lectura: 5 min
Vivencias Ciudadanas: Morelos: La cultura echada a un lado

More­los ha sido, durante déca­das, tie­rra de artis­tas. Aquí han encon­trado ins­pi­ra­ción escri­to­res, pin­to­res, músi­cos, escul­to­res, acto­res y crea­do­res de dis­tin­tas dis­ci­pli­nas. Sin embargo, existe una con­tra­dic­ción dolo­rosa: el estado cuenta con una comu­ni­dad artís­tica amplia, diversa y talen­tosa, pero esa comu­ni­dad per­ma­nece mar­gi­nada de las deci­sio­nes y de los espa­cios ofi­cia­les. El diag­nós­tico claro no es ausen­cia de cul­tura en More­los, sino la falta de una polí­tica cul­tu­ral capaz de reco­no­cerla, arti­cu­larla, pro­mo­verla y acer­carla a la socie­dad. La Secre­ta­ría de Cul­tura parece tra­ba­jar para un cír­culo redu­cido, en lugar de aten­der a los crea­do­res y públi­cos de todo el estado.

En More­los exis­ten gru­pos de artis­tas for­ma­dos alre­de­dor de maes­tros, talle­res y escue­las. Muchos desean par­ti­ci­par y pre­sen­tar su tra­bajo, pero encuen­tran una auto­ri­dad cerrada, sin comu­ni­ca­ción y sin capa­ci­dad para con­vo­car­los. Pare­ciera que sola­mente cuen­tan quie­nes per­te­ne­cen al cír­culo ofi­cial, que estu­dian en el Cen­tro More­lense de las Artes o man­tie­nen alguna rela­ción con quie­nes admi­nis­tran actual­mente la cul­tura

El Cen­tro More­lense de las Artes ha cum­plido una fun­ción impor­tante, y entre sus maes­tros y alum­nos hay per­so­nas valio­sas. Sin embargo, no puede con­ver­tirse en la única refe­ren­cia cul­tu­ral del estado. La cul­tura more­lense es mucho más grande que una ins­ti­tu­ción. Fuera de ella exis­ten crea­do­res expe­ri­men­ta­dos, algu­nos con tra­yec­to­rias de déca­das, que no son escu­cha­dos ni invi­ta­dos a par­ti­ci­par. Tam­bién debe­mos reco­no­cer la ausen­cia de figu­ras como Jorge Cáza­res, Javier Alejo o Maida Prado, artis­tas que deja­ron escuela y con­tri­bu­ye­ron a for­mar gene­ra­cio­nes. Actual­mente muchos de sus alum­nos impar­ten cla­ses, lo cual es posi­tivo, pero resulta insu­fi­ciente para sos­te­ner por sí solo toda la vida artís­tica de More­los. El estado ya tuvo fun­cio­na­rios cul­tu­ra­les de gran nivel. Por el anti­guo Ins­ti­tuto de Cul­tura, hoy con­ver­tido en secre­ta­ría, pasa­ron per­so­na­li­da­des como Ricardo Gue­rra, Martha Ket­chum y Mer­ce­des Iturbe, quie­nes poseían pre­pa­ra­ción, expe­rien­cia y reco­no­ci­miento no solo nacio­nal sino inter­na­cio­nal. Adal­berto Ríos Sza­lay, el gran fotó­grafo, tam­bién rea­lizó una labor extraor­di­na­ria y con­si­guió que la Banda de Tla­ya­ca­pan, de los her­ma­nos Santa María, reci­biera el Pre­mio Nacio­nal de Cien­cias y Artes.

Los ante­ce­den­tes men­cio­na­dos demues­tran que More­los puede con­tar con una polí­tica cul­tu­ral de altura cuando las res­pon­sa­bi­li­da­des se entre­gan a per­so­nas que cono­cen el tema, res­pe­tan a los crea­do­res y com­pren­den la dimen­sión social de su tra­bajo. Lle­gar a un cargo no con­siste úni­ca­mente en ocu­par una ofi­cina. Quien repre­senta la cul­tura del estado debe pre­pa­rarse, cono­cer el ambiente artís­tico, cui­dar su pre­sen­cia pública y ofre­cer una ima­gen digna hacia el exte­rior. La cul­tura requiere sen­si­bi­li­dad, cono­ci­miento y capa­ci­dad de diá­logo. No puede impro­vi­sarse ni admi­nis­trarse como si se tra­tara sola­mente de orga­ni­zar ferias, tian­guis o des­fi­les. Las fies­tas tra­di­cio­na­les, las arte­sa­nías, las dan­zas, la gas­tro­no­mía y las cos­tum­bres popu­la­res son fun­da­men­ta­les, pero no repre­sen­tan la tota­li­dad de la cul­tura; tam­bién for­man parte de ella el pen­sa­miento, la cien­cia, la lite­ra­tura, la música, la pin­tura, la arqui­tec­tura, la memo­ria his­tó­rica, el tea­tro y todas las expre­sio­nes mediante las cua­les una socie­dad se reco­noce y se trans­forma.

Las evi­den­cias del aban­dono están a la vista. Nues­tros museos per­ma­ne­cen vacíos. Se anun­cian (dicen) expo­si­cio­nes que casi nadie conoce y a las que asis­ten úni­ca­mente fun­cio­na­rios, invi­ta­dos y per­so­nas cer­ca­nas a los orga­ni­za­do­res. No existe una estra­te­gia seria para atraer públi­cos, for­mar espec­ta­do­res y con­ver­tir los recin­tos cul­tu­ra­les en luga­res vivos. Una expo­si­ción no cum­ple su pro­pó­sito sola­mente por­que se rea­lice una cere­mo­nia inau­gu­ral y se publi­que una foto­gra­fía ofi­cial.

La ausen­cia cul­tu­ral tam­bién se per­cibe en la Uni­ver­si­dad Autó­noma del Estado de More­los. Fal­tan con­cier­tos, expo­si­cio­nes, con­fe­ren­cias y acti­vi­da­des per­ma­nen­tes capa­ces de reu­nir a estu­dian­tes, maes­tros y socie­dad. La uni­ver­si­dad debe­ría ser uno de los prin­ci­pa­les moto­res de la cul­tura esta­tal, pero tam­poco está ocu­pando ple­na­mente ese espa­cio. Ante este vacío, las ini­cia­ti­vas ciu­da­da­nas inten­tan sos­te­ner la inci­piente vida cul­tu­ral. El pró­ximo día 3 se rea­li­zará la gala de Ami­gos de la Música, cuyo pro­pó­sito es reu­nir recur­sos para que Cuer­na­vaca pueda con­ti­nuar dis­fru­tando de la ópera desde el Met de New York. Son los pro­pios afi­cio­na­dos quie­nes apor­tan el dinero para sos­te­ner estas pre­sen­ta­cio­nes, prác­ti­ca­mente sin inter­ven­ción guber­na­men­tal.

Su esfuerzo es admi­ra­ble, pero tam­bién evi­den­cia el aban­dono ofi­cial, sólo el Cen­tro Cul­tu­ral Teo­pan­zolco coo­pera con lo mínimo. Algo seme­jante ocu­rre con las ban­das de viento, como la que recien­te­mente escu­cha­mos de Puente de Ixtla. Son esfuer­zos valio­sos sur­gi­dos desde las comu­ni­da­des, aun­que muchas veces avan­zan solos, sin for­mar parte de un ver­da­dero pro­yecto cul­tu­ral esta­tal. Las con­se­cuen­cias de esta situa­ción son gra­ves. Los artis­tas pier­den espa­cios y opor­tu­ni­da­des; los públi­cos se ale­jan de los recin­tos cul­tu­ra­les; los museos se vuel­ven luga­res vacíos y sólo se lle­nan para actos ofi­cia­les; las nue­vas gene­ra­cio­nes care­cen de refe­ren­tes y pro­gra­mas per­ma­nen­tes; y la socie­dad pierde una herra­mienta fun­da­men­tal para for­ta­le­cer su iden­ti­dad y enfren­tar la inse­gu­ri­dad, la vio­len­cia y la des­com­po­si­ción social. La cul­tura no es un lujo reser­vado para unos cuan­tos. Un niño que encuen­tra un ins­tru­mento musi­cal, un libro, un pin­cel o un esce­na­rio des­cu­bre tam­bién una posi­bi­li­dad dis­tinta para su vida. Por eso, mar­gi­nar a los artis­tas sig­ni­fica limi­tar las opor­tu­ni­da­des de toda la comu­ni­dad.

La auto­ri­dad debe acer­carse a los gru­pos exis­ten­tes, abrir con­vo­ca­to­rias trans­pa­ren­tes y escu­char a los artis­tas de todas las regio­nes. Es nece­sa­rio cons­truir una agenda per­ma­nente de con­cier­tos, expo­si­cio­nes, tea­tro, lite­ra­tura y cine; man­te­ner museos abier­tos y atrac­ti­vos; impul­sar pro­gra­mas cul­tu­ra­les en barrios y muni­ci­pios; for­ta­le­cer la par­ti­ci­pa­ción de la Uni­ver­si­dad Autó­noma del Estado de More­los; y crear espa­cios para los nue­vos talen­tos sin excluir a quie­nes poseen una tra­yec­to­ria reco­no­cida. Tam­bién se requiere una polí­tica que arti­cule las expre­sio­nes tra­di­cio­na­les con las dis­ci­pli­nas artís­ti­cas, cien­tí­fi­cas y huma­nís­ti­cas. Las fies­tas, arte­sa­nías, dan­zas y cos­tum­bres deben reci­bir apoyo, pero sin redu­cir la cul­tura a ferias, tian­guis o des­fi­les. More­los nece­sita una visión amplia, pro­fe­sio­nal y de largo plazo.

More­los no carece de artis­tas ni de público. Carece de aper­tura, direc­ción y volun­tad. Es urgente que la Secre­ta­ría de Cul­tura deje de tra­ba­jar para el gobierno y comience a tra­ba­jar para toda la gente del estado. La cul­tura debe salir de las ofi­ci­nas, recu­pe­rar los museos, regre­sar a las uni­ver­si­da­des, lle­gar a los muni­ci­pios y reen­con­trarse con la socie­dad, por­que un gobierno que mar­gina a sus artis­tas no sola­mente aban­dona la cul­tura, tam­bién renun­cia a una de las mejo­res herra­mien­tas que tiene para recons­truir a su comu­ni­dad. ¿No cree usted?

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