VIVENCIAS CIUDADANAS – MORELOS MERECE UNA POLÍTICA CULTURAL CON IMAGINACIÓN

Por Teodoro Lavín León

Cuando se habla de cul­tura en More­los, casi siem­pre ter­mi­na­mos viendo las mis­mas acti­vi­da­des: algu­nos con­cier­tos, des­fi­les tra­di­cio­na­les, mues­tras gas­tro­nó­mi­cas, expo­si­cio­nes ais­la­das y even­tos que, aun­que tie­nen valor, rara vez logran tras­cen­der o con­ver­tirse en pro­yec­tos que for­ta­lez­can la iden­ti­dad cul­tu­ral del estado. La pre­gunta es obli­gada: ¿no pode­mos aspi­rar a algo más grande?

More­los es uno de los esta­dos con mayor riqueza cul­tu­ral de México. Su his­to­ria, su ubi­ca­ción geo­grá­fica, su clima y su enorme talento artís­tico le han per­mi­tido con­ver­tirse durante déca­das en refu­gio de escri­to­res, pin­to­res, músi­cos, escul­to­res y crea­do­res de toda índole. Sin embargo, esa riqueza pocas veces se tra­duce en pro­yec­tos per­ma­nen­tes que colo­quen al estado como una refe­ren­cia nacio­nal en mate­ria cul­tu­ral.

Tome­mos como ejem­plo la música. More­los cuenta con algu­nas de las mejo­res ban­das de viento del país. Exis­ten agru­pa­cio­nes muni­ci­pa­les, esco­la­res y comu­ni­ta­rias con una cali­dad extraor­di­na­ria. ¿Por qué no orga­ni­zar un gran con­curso nacio­nal de ban­das con sede per­ma­nente en More­los? Un evento de esa natu­ra­leza atrae­ría visi­tan­tes, gene­ra­ría derrama eco­nó­mica, impul­sa­ría el turismo y colo­ca­ría al estado en el mapa cul­tu­ral nacio­nal. No sería un gasto, sino una inver­sión.

Lo mismo ocu­rre con las artes plás­ti­cas. Miles de pin­to­res desa­rro­llan su tra­bajo en More­los. Hay artis­tas con­sa­gra­dos, jóve­nes pro­me­sas y crea­do­res popu­la­res que refle­jan en sus obras la riqueza his­tó­rica y natu­ral de la enti­dad. Sin embargo, no existe una estra­te­gia que per­mita con­so­li­dar una autén­tica Escuela More­lense de Pin­tura que pro­yecte una iden­ti­dad artís­tica pro­pia.

Resulta para­dó­jico que, teniendo tanto talento local, muchas veces la acti­vi­dad cul­tu­ral se limite a espa­cios tra­di­cio­na­les o a even­tos que bene­fi­cian más a orga­ni­za­do­res exter­nos que a los pro­pios artis­tas more­len­ses. Las escue­las y aca­de­mias son impor­tan­tes y cum­plen una fun­ción indis­pen­sa­ble, pero no pue­den ser el único hori­zonte cul­tu­ral. Se nece­sita una visión más amplia que per­mita cons­truir pro­yec­tos dura­de­ros y con iden­ti­dad esta­tal.

La his­to­ria de More­los ofrece posi­bi­li­da­des prác­ti­ca­mente ili­mi­ta­das. Desde las cul­tu­ras prehis­pá­ni­cas hasta la lucha de Inde­pen­den­cia, la Revo­lu­ción Mexi­cana y la figura de Emi­liano Zapata, exis­ten innu­me­ra­bles epi­so­dios que podrían con­ver­tirse en fes­ti­va­les temá­ti­cos, expo­si­cio­nes per­ma­nen­tes, rutas turís­ti­cas, con­cur­sos lite­ra­rios, pro­duc­cio­nes tea­tra­les o encuen­tros aca­dé­mi­cos de alcance nacio­nal e inter­na­cio­nal.

Basta obser­var lo que ocu­rre en otras enti­da­des del país. Muchos esta­dos han logrado posi­cio­narse mediante fes­ti­va­les que hoy son refe­ren­tes cul­tu­ra­les y turís­ti­cos. Lo han con­se­guido gra­cias a una com­bi­na­ción de crea­ti­vi­dad, pla­nea­ción y con­ti­nui­dad. No se trata de inven­tar algo impo­si­ble, sino de apro­ve­char lo que ya existe y hacerlo cre­cer. Tam­bién es nece­sa­rio dejar de pen­sar que la cul­tura se limita al entre­te­ni­miento. La cul­tura genera iden­ti­dad, cohe­sión social y opor­tu­ni­da­des eco­nó­mi­cas. Un fes­ti­val exi­toso puede bene­fi­ciar a hote­les, res­tau­ran­tes, trans­por­tis­tas, comer­cian­tes y pres­ta­do­res de ser­vi­cios. Un con­curso nacio­nal puede atraer visi­tan­tes y medios de comu­ni­ca­ción. Una expo­si­ción rele­vante puede pro­yec­tar la ima­gen de una ciu­dad mucho más allá de sus fron­te­ras.

Por supuesto, las tra­di­cio­nes deben pre­ser­varse. Los des­fi­les, las coci­ne­ras tra­di­cio­na­les y las cele­bra­cio­nes popu­la­res for­man parte esen­cial del patri­mo­nio cul­tu­ral de More­los. Nadie pro­pone sus­ti­tuir­las. Lo que se plan­tea es com­ple­men­tar­las con pro­yec­tos inno­va­do­res que per­mi­tan apro­ve­char todo el poten­cial artís­tico e his­tó­rico del estado.

La cul­tura nece­sita ima­gi­na­ción. Repe­tir año tras año los mis­mos esque­mas ter­mina por gene­rar des­gaste y desin­te­rés. Los ciu­da­da­nos mere­cen pro­pues­tas que sor­pren­dan, que entu­sias­men y que per­mi­tan des­cu­brir nue­vos talen­tos. Los artis­tas mere­cen espa­cios para cre­cer y pro­yec­tarse. Y el estado merece una polí­tica cul­tu­ral que piense en grande. Que las cosas no que­den en esfuer­zos pri­va­dos limi­ta­dos por falta de recur­sos mate­ria­les, como sucede, por men­cio­nar un ejem­plo, con la Socie­dad de Escri­to­res de More­los, que está cele­brando 25 años de tra­ba­jar edi­tando libros con dinero que sale de los bol­si­llos de los miem­bros del grupo; dando con­fe­ren­cias sobre lite­ra­tura y poniendo cara a cara a los auto­res con el público para des­per­tar inte­rés en ellos y en sus obras; todo sin más ayuda de las auto­ri­da­des que el prés­tamo, a veces de mala gana, de espa­cios para que desa­rro­llen sus acti­vi­da­des públi­cas de pro­mo­ción cul­tu­ral.

More­los tiene los recur­sos huma­nos, la his­to­ria, el talento y el pres­ti­gio nece­sa­rios para con­ver­tirse en una ver­da­dera poten­cia cul­tu­ral. Lo único que parece fal­tar es la deci­sión de apos­tar por pro­yec­tos ambi­cio­sos y de largo plazo. Por­que, cuando un pue­blo invierte en cul­tura, no sólo for­ta­lece su iden­ti­dad; tam­bién cons­truye futuro.

Y More­los, sin duda, merece mucho más que con­for­marse con lo de siem­pre. ¿No cree usted?

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