California está a punto de dar un paso significativo en la regulación alimentaria. Un nuevo proyecto de ley, conocido como AB 2244, busca implementar un sistema de certificación para identificar alimentos que no se consideran ultraprocesados. Impulsado por el asambleísta Jesse Gabriel, este esfuerzo se materializa en un sello oficial denominado «Non-Ultraprocessed Certified». Este distintivo permitirá a los consumidores identificar más fácilmente productos que son, según la legislación californiana, menos procesados y potencialmente más saludables.
A pesar del avance legislativo, es importante señalar que a nivel federal, Estados Unidos aún no cuenta con una definición única y ampliamente aceptada de lo que constituye un alimento ultraprocesado. En 2025, la FDA y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) comenzaron un proceso para desarrollar tal definición, lo que plantea un dilema: ¿cómo puede California crear una etiqueta oficial cuando todavía hay incertidumbre a nivel nacional?
En octubre de 2025, California ya había establecido una definición legal de alimento ultraprocesado a través de la firma de la AB 1264. La legislación aborda preocupaciones sobre el contenido alimentario en las escuelas y establece un marco legal que, aunque específico para el estado, aún carece de normativas federales coherentes.
El nuevo sistema de certificación, si se aprueba, no será permanente. Los productos contarán con la certificación por un periodo de tres años, tras los cuales deberán ser recertificados. Asimismo, cualquier modificación en la fórmula del producto requerirá una nueva evaluación para poder continuar usando el sello.
Los grandes supermercados, con más de 25 productos certificados, también tendrán la obligación de destacar al menos tres de estos productos de manera visible. El objetivo es evitar que la información se oculte en la letra pequeña, asegurando que los consumidores puedan tomar decisiones informadas en el momento de la compra.
Un aspecto crítico de este proyecto es que pretende simplificar la cantidad de información que los consumidores deben procesar al elegir alimentos. La actual complejidad de las listas de ingredientes y la información nutricional puede ser abrumadora, incluso para expertos en nutrición. Por lo tanto, el sello de certificación promete ofrecer una guía clara: un indicador visible de que un producto ha sido verificado según las normas californianas para ser considerado no ultraprocesado.
La legislación californiana, sin embargo, no necesariamente se alinea con las clasificaciones internacionales de alimentos, como el sistema NOVA, que clasifica los alimentos según su grado de procesamiento. Aunque este sistema es ampliamente utilizado en la investigación nutricional, la ley AB 2244 se fundamenta en criterios específicos de California. Esto significa que si NOVA cambia, la certificación estatal no necesariamente se ajustará de forma automática.
El contexto regulatorio en Estados Unidos es complejo, ya que California busca avanzar mientras aún se construye una definición federal. La ausencia de criterios únicos ha permitido la aparición de distintas regulaciones estatales, lo que podría resultar en confusión para los consumidores y los productores.
Al adoptar un enfoque proactivo, California intenta no solo restringir productos, sino también crear un espacio donde los consumidores puedan identificar opciones más saludables. Este cambio de paradigma sugiere que el estado no se limita a señalar lo que debe evitarse, sino que también enfatiza los productos que cumplen estándares más elevados.
No obstante, queda un interrogante importante: ¿qué productos lograrán finalmente obtener este sello? Aunque el proyecto de ley establece un marco y una supervisión pública, la implementación detallada de los criterios de certificación será crucial para determinar el impacto real de esta iniciativa.
Por lo tanto, el desarrollo del sello «Non-Ultraprocessed Certified» no solo representa un avance en la información al consumidor, sino que también pone sobre la mesa un desafío que va más allá de las fronteras californianas: proporciona un ejemplo de cómo la regulación alimentaria puede evolucionar en la búsqueda de una mejor salud pública. Sin embargo, el futuro de esta legislación dependerá de cómo se implementen las normativas y de la respuesta de los productores y consumidores en un paisaje regulatorio en constante cambio.
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