Una expedición científica francesa confirmó el deterioro avanzado de más de 200,000 barriles con residuos radiactivos depositados en el fondo del Atlántico Norte entre 1950 y 1990. Los investigadores detectaron corrosión en los contenedores y la filtración de material radiactivo al lecho marino, lo que representa una amenaza latente para la biodiversidad marina1, 2.
La misión, parte del proyecto Nodssum liderado por el Centre National de la Recherche Scientifique de Francia, realizó 20 inmersiones a más de 4,700 metros de profundidad a bordo del buque 'Pourquoi Pas?', recolectando muestras de sedimentos, agua y fauna para analizar el impacto ambiental de las fugas1, 2.
Qué halló la expedición científica
Durante la expedición efectuada entre el 27 de mayo y el 28 de junio de 2026, los científicos inspeccionaron directamente varios de los barriles radiactivos hundidos en el Atlántico Norte2. Utilizando el sumergible tripulado Nautile, observaron contenedores con corrosión avanzada y material extendido sobre los sedimentos circundantes2.
Las observaciones confirmaron que el material interno ha comenzado a filtrarse de forma directa al lecho marino1. Además, se identificaron distintos materiales de encapsulamiento, como cemento, resinas y betún2. Los investigadores también documentaron la presencia de especies como anémonas, esponjas y crustáceos sobre los barriles y en sus alrededores2.

Radiactividad y dispersión de contaminantes
Los análisis de radioactividad realizados durante la expedición detectaron señales de radionúclidos asociados a los residuos, entre ellos cobalto-60 y niobio-942. También se identificaron cesio-137 y americio-241, aunque estos pueden tener otros orígenes, como ensayos nucleares y accidentes2.
Según los investigadores, la intensidad de la contaminación se mantiene en un nivel moderado, pero la degradación de los barriles representa una amenaza latente para la biodiversidad marina1. Las muestras recolectadas permitirán evaluar si los radionúclidos pasan de los barriles a los sedimentos, al agua y, posteriormente, a los organismos marinos2.
Antecedentes y regulaciones internacionales
La práctica de arrojar barriles radiactivos al mar fue común entre 1950 y 1990, hasta que el Convenio de Londres de 1975 restringió y posteriormente prohibió estos vertidos1. Para ese momento, el depósito acumulado en las simas oceánicas ya había alcanzado cifras alarmantes1.
La zona estudiada por el equipo francés representa solo una parte del área total donde se depositaron los residuos, según los investigadores del proyecto Nodssum2. La prioridad actual es determinar la velocidad con la que los isótopos se desplazan por las corrientes marinas profundas hacia otras regiones del planeta1.
Fuentes
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Datos basados en información reportada originalmente por Marca.






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