La salida de médicos especialistas de los hospitales públicos debe encender una alerta en Morelos. No se trata sólo de plazas vacantes ni de agendas saturadas: cuando un profesional de la salud considera que no cuenta con medicamentos, material o equipo suficiente para atender, el problema termina en la vida cotidiana de los pacientes.
Un camillero del Seguro Social de Cuernavaca nos comparte su preocupación: afirma que especialistas están renunciando o adelantando su jubilación porque no quieren cargar con la responsabilidad de atender en condiciones que, según su testimonio, dificultan ofrecer un servicio adecuado. Es una opinión que debe atribuirse con claridad y verificarse con más voces, pero no puede desestimarse. Coincide con reclamos recientes de trabajadores del IMSS en Morelos.
El 8 de octubre, personal del Instituto marchó en Cuernavaca para exigir más médicos, medicamentos e insumos. En esa movilización, trabajadores señalaron que la reducción de un concepto económico para cubrir áreas de especialidad y urgencias habría contribuido a la salida de especialistas y al alargamiento de las citas. También denunciaron carencias de materiales básicos. Son testimonios de trabajadores; corresponde al Instituto informar cuántas plazas están vacantes, qué especialidades faltan y qué medidas ha tomado.
La denuncia no significa que todos los hospitales estén en idéntica situación ni que cada renuncia obedezca a la falta de insumos. Sí revela una combinación preocupante: vacantes, carga excesiva de trabajo, tiempos de espera y dificultades para contar con lo necesario en la atención. En mayo, el IMSS anunció la incorporación de 158 especialistas a sus unidades de Morelos. El dato muestra que hay contratación y refuerzo de personal; también obliga a preguntar dónde fueron asignados, qué vacantes cubrieron y si alcanzan para responder a la demanda.
Hay que distinguir, además, entre el IMSS ordinario, que atiende a sus derechohabientes, y el IMSSBienestar, responsable de servicios para población sin seguridad social. Las carencias denunciadas en una institución no prueban por sí solas que la otra tenga exactamente el mismo problema. Pero la situación de IMSS-Bienestar también merece revisión: el 20 de octubre, su coordinador estatal reportó un abasto de medicamentos de 85 por ciento y reconoció faltantes de algunas claves y déficit de especialistas en áreas como pediatría, ginecología, traumatología y urología. Informó, además, que el nuevo hospital de Jiutepec operaba aproximadamente a la mitad de su capacidad y que requería más personal especializado.
Un porcentaje de abasto puede describir el inventario, pero no resuelve la experiencia de quien llega a una farmacia y no encuentra el medicamento que necesita. Por eso hacen falta datos por hospital, especialidad y periodo: qué claves faltan, cuánto tardan en surtirse, cuántas plazas están vacantes y cuántas consultas o cirugías se reprograman. También es necesario escuchar a médicos, enfermeras, camilleros, pacientes y autoridades, sin convertir una denuncia individual en una conclusión sobre todo el sistema.
Lo que está en juego es la confianza pública. Si una persona enferma no recibe a tiempo la atención que requiere, la explicación administrativa no basta.
Y si los profesionales se van porque consideran que no pueden trabajar con seguridad y dignidad, los pacientes enfrentarán esperas mayores y servicios más débiles. El costo puede convertirse en un problema social profundo.
La respuesta no debe limitarse a anunciar contrataciones o porcentajes generales. El gobierno estatal y las instituciones federales deben revisar con transparencia cómo funciona IMSS-Bienestar y cómo opera el IMSS en Morelos. Si el modelo funciona, hay que darle personal, medicamentos, equipo y presupuesto suficientes. Si no cumple, hay que corregirlo y explicar quién responde por las fallas.
La salud pública exige hechos verificables y atención continua. Morelos necesita saber cuántos especialistas se han ido, cuántos se jubilaron, por qué dejaron sus puestos y qué se hará para cubrirlos. Cada vacante sin respuesta acaba convirtiéndose en una cita que no llega y en una preocupación que recae sobre la gente. ¿ No cree usted?





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