La exposición alimentaria a dioxinas y PCB similares a las dioxinas ha vuelto a situarse en el centro del debate sobre la seguridad alimentaria en Europa. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha actualizado su evaluación científica sobre estos contaminantes persistentes, señalando que la ingesta de la población continúa siendo motivo de preocupación para la salud pública.
No se trata de una advertencia puntual, ni de un retiro específico de alimentos del mercado, sino de un problema silencioso y acumulativo: la exposición crónica a sustancias químicas que, por su persistencia en el medio ambiente, pueden acumularse en la cadena alimentaria. La EFSA, tras revisar su evaluación previa, ha considerado la actualización realizada por la Organización Mundial de la Salud en 2022 sobre los factores de equivalencia tóxica (TEF). Estos factores permiten estimar la toxicidad combinada de diferentes dioxinas y PCB, resultando en un nuevo límite de ingesta semanal tolerable de 0,6 picogramos de TEQ por kilo de peso corporal, cifra que es tres veces inferior a la establecida en 2018.
Esta nueva cifra no implica que los alimentos sean más peligrosos ahora que antes; en cambio, refleja un enfoque más actualizado y preciso sobre los criterios toxicológicos relacionados con estos compuestos. Es esencial aclarar que esta ingesta tolerable no es un límite máximo legal aplicable a un alimento específico, sino un valor de referencia utilizado en la evaluación de riesgos. Representa una cantidad que podría ingerirse semanalmente a lo largo de la vida sin que se expecte un riesgo apreciable para la salud.
Lo que destaca en esta evaluación es que, según los datos analizados, la exposición alimentaria a estos contaminantes supera dicho umbral en todos los grupos de edad. En particular, niños y adolescentes presentan las exposiciones más elevadas en relação a su peso corporal, lo que es preocupante dado su desarrollo. La EFSA ha fundamentado su nuevo límite de ingesta tolerable en los efectos sobre el desarrollo reproductivo masculino, apoyándose en estudios tanto en animales como en humanos. Es esencial prestar especial atención a las mujeres en edad fértil, pues la acumulación de estas substancias puede afectar la exposición futura de sus hijos.
Las dioxinas son contaminantes que pueden generarse por procesos de combustión, actividades industriales, incendios de residuos o como subproductos de ciertos procesos químicos. Los PCB, por su parte, fueron utilizados en el pasado en diversas aplicaciones industriales, aunque su uso está prohibido o severamente restringido en muchos países, dada su persistencia y toxicidad. Estas sustancias pueden permanecer durante largos períodos en el medio ambiente, entrando así en la cadena alimentaria y acumulándose especialmente en la grasa de los animales. Los alimentos que más contribuyen a esta exposición son principalmente aquellos de origen animal y grasos, como carne, pescado, huevos y lácteos.
Es importante recalcar que la exposición dietética no depende de un único alimento, sino del conjunto de la dieta y de la contaminación presente en varios productos a lo largo del tiempo. Por ello, se recomienda una alimentación variada como estrategia para evitar la exposición continua a los mismos alimentos contaminados. Además, es esencial contar con sistemas de control que actúen antes de que los productos lleguen al mercado.
El siguiente paso es que la Comisión Europea y los Estados miembros analicen las conclusiones de la EFSA, considerando si es necesario revisar los límites máximos de dioxinas y PCB en alimentos y piensos. La evaluación científica no modifica la legislación de manera automática, pero proporciona una base técnica para actualizar las medidas de gestión del riesgo.
La EFSA ha solicitado también más datos y modelos mejorados que reduzcan las incertidumbres actuales, haciendo hincapié en la necesidad de una mayor recopilación de información sobre la presencia de estos contaminantes en diferentes matrices, como alimentos y sangre humana.
La nueva evaluación se suma a otras preocupaciones sobre contaminantes químicos en la alimentación, como el plomo, el arsénico inorgánico y el metilmercurio. Todos estos factores subrayan que la seguridad alimentaria moderna no solo se centra en evitar intoxicaciones agudas, sino también en controlar exposiciones crónicas que pueden provocar efectos a largo plazo.
El enfoque de “One Health”, que une la salud humana, animal y ambiental, cobra relevancia en este contexto. Lo que se emite al medio ambiente puede acabar en la cadena alimentaria, resaltando así la importancia de una prevención que no se limite al control del producto final, sino que extienda sus acciones a todo el sistema.
Para los consumidores, el mensaje debe ser claro: mantener una dieta variada y seguir las recomendaciones oficiales cuando existan. Mientras confiamos en que las autoridades refuercen los controles públicos, es fundamental adoptar un enfoque informado y preventivo hacia nuestra alimentación.
La conclusión de la EFSA es clara: la exposición a dioxinas y PCB sigue siendo un tema de preocupación en Europa. Se necesita más vigilancia, datos precisos, límites actualizados y políticas ambientales que puedan reducir estos contaminantes desde su origen. En la seguridad alimentaria, lo que llega a nuestra mesa comienza mucho antes de la cocina.
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