La disminución de la sensación de sed en adultos mayores puede provocar que pasen varias horas sin beber lo necesario, incrementando el riesgo de deshidratación, según una revisión publicada en Nutrients y recomendaciones de Mayo Clinic1.
Este riesgo se agrava por factores como el calor, la fiebre, los vómitos, la diarrea, enfermedades crónicas, ciertos medicamentos y dificultades de movilidad, lo que hace fundamental adoptar hábitos regulares de hidratación1, 2.
Por qué disminuye la sensación de sed
Con la edad, el organismo cuenta con una reserva menor de agua y responde con menos precisión a la necesidad de reponer líquidos1. Cambios fisiológicos, como una sed menos intensa y una menor capacidad renal para concentrar la orina, están vinculados a este fenómeno1.
La gerontóloga clínica Anne Vanderbilt señala que muchas personas de 65 años o más no consumen suficiente líquido porque la percepción de sed puede ser ya un signo temprano de falta de hidratación1.

Riesgos y síntomas de la deshidratación en adultos mayores
La deshidratación puede instalarse gradualmente en la rutina diaria, sobre todo cuando la bebida no está al alcance o no existen horarios para ingerir líquidos1. Entre los síntomas se encuentran menor frecuencia al orinar, orina oscura, cansancio, mareos y confusión1, 2.
La deshidratación grave requiere atención médica inmediata. Mayo Clinic y MedlinePlus advierten que síntomas como desorientación, incapacidad para retener líquidos, diarrea persistente, confusión, desmayo, falta de micción o latidos rápidos justifican una consulta profesional urgente1, 2.
Consejos para prevenir la deshidratación
La hidratación diaria debe abordarse como un hábito regular y no solo como respuesta a la sed1, 2. Estrategias como los recordatorios verbales, la mayor disponibilidad y variedad de bebidas, y el aprovechamiento de momentos como las comidas o la toma de medicamentos pueden ser útiles1.
La British Dietetic Association recomienda ofrecer una bebida con las comidas y entre ellas, y adaptar la temperatura y el tipo de bebida a las preferencias de cada persona1. Se sugiere que las mujeres mayores apunten a 1,6 litros de líquidos diarios y los hombres a 2 litros, con aumentos durante el calor, aunque estas cifras deben ajustarse según enfermedades o tratamientos1.
El agua no es la única opción: leche, infusiones, café, jugos y caldos bajos en sodio también suman a la ingesta diaria, así como alimentos con alto contenido de agua como sopas, sandía, frutos rojos, tomate o pepino1.
Factores que aumentan el riesgo de deshidratación
Enfermedades crónicas como diabetes o demencia, algunos medicamentos y las dificultades de movilidad pueden elevar el riesgo de deshidratación en adultos mayores1, 2.
La preocupación por la incontinencia puede llevar a restringir el consumo de líquidos, pero esta decisión debe ser evaluada por un profesional de la salud1.
El entorno también influye: mantener un vaso o botella cerca, usar recipientes fáciles de sostener y recurrir a recordatorios familiares puede facilitar la hidratación1.
Cuándo consultar a un médico
Se recomienda buscar atención médica inmediata ante síntomas graves como desorientación, incapacidad para retener líquidos, diarrea persistente, confusión, desmayo, falta de micción o latidos rápidos1, 2.
Las personas con insuficiencia cardíaca u otras condiciones que requieran control de líquidos deben seguir las indicaciones de su equipo médico antes de modificar su consumo diario1.
Preguntas frecuentes
¿Por qué disminuye la sensación de sed en los adultos mayores?
La disminución de la sensación de sed se debe a cambios fisiológicos relacionados con la edad, como una menor reserva de agua corporal y una menor capacidad renal para concentrar la orina, lo que reduce la precisión del organismo para detectar la necesidad de líquidos1.
¿Cuáles son los riesgos de la deshidratación en personas mayores?
La deshidratación puede causar síntomas como cansancio, mareos, confusión y, en casos graves, desorientación, desmayo o shock, requiriendo atención médica inmediata1, 2.
¿Cómo prevenir la deshidratación en adultos mayores?
Se recomienda establecer hábitos regulares de hidratación, usar recordatorios, ofrecer variedad de bebidas, adaptar la temperatura y el tipo de bebida a las preferencias personales y facilitar el acceso a líquidos, además de repartir el consumo en porciones pequeñas durante el día1.
¿Qué enfermedades o medicamentos aumentan el riesgo de deshidratación?
Enfermedades crónicas como la diabetes o la demencia, y medicamentos que aumentan la frecuencia de la micción o la sudoración, así como dificultades de movilidad, incrementan el riesgo de deshidratación en adultos mayores1, 2.
Fuentes
Texto elaborado por la Redacción de Columna Digital a partir de estas fuentes:
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Datos basados en información reportada originalmente por Infobae.






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