El cielo sobre Puerto Rico se ve interrumpido por el incesante vuelo de cazas supersónicos. La vida diaria de los puertorriqueños se transforma en un escenario bélico mientras se desarrollan tensiones crecientes entre Estados Unidos y Cuba. Esta situación se agudiza tras las contundentes advertencias de Donald Trump sobre la posibilidad de una intervención militar, una presión que ha estado latente desde la captura del dictador Nicolás Maduro el 3 de enero.
Localizados en el municipio de Ceiba, los residentes como Manuel Martínez sienten el impacto de esta reactivación militar. La Base Naval Roosevelt Roads, desactivada desde 2004, ha renacido gracias a una inversión de 79 millones de dólares, dando paso a maniobras militares bajo la operación “Lanza del Sur”, con el respaldo de más de 1.300 infantes de Marina. Este despliegue militar repite la historia de Puerto Rico, donde los habitantes se ven sometidos a decisiones tomadas desde el exterior, justificadas por la doctrina Monroe, que aboga por la intervención estadounidense en el Hemisferio Sur.
La gobernadora Jenniffer González Colón anunció ejercicios que involucrarán a más de 8.100 soldados entre mayo y agosto de este año. Aunque se asegura que estas maniobras son logísticas y sin armamento en Vieques o Culebra, el miedo persiste. Desde que La Habana ha reforzado su seguridad, el ambiente ha sido de constante actividad militar. Los marines del 24º Batallón Expedicionario realizaron ejercicios nocturnos en Roosevelt Roads, justo después de la visita del secretario de Guerra, Pete Hegseth, al Comando Central en Guantánamo, el 10 de junio.
La reactivación de la base ha traído inquietudes, evocando recuerdos de Vieques, donde la Marina de Estados Unidos expropió tierras para entrenamientos, dejando una secuela de cáncer y abandono ambiental. Hilda Bonilla, activista local, expresa cómo se siente un estado de catatonia al rememorar aquellos tiempos. “En Vieques, hay una tasa de cáncer un 26% más alta que en el resto de Puerto Rico y los intentos de limpieza han sido insuficientes”, señala.
Las tensiones han sido palpables desde agosto de 2025, cuando aviones sobrevolaban y embarcaciones extranjeras eran avistadas en las costas. En septiembre de ese año, vehículos blindados desembarcaron en la playa El Faro, iniciando un despliegue militar que ha transformado la tranquilidad regional. Aunque la gobernadora inicialmente minimizó esta situación, el acuerdo con la Marina de Estados Unidos para el uso logístico de varias bases, incluido Roosevelt Roads, ha confirmado que la militarización no es temporal.
Meses después de la caída de Maduro y con las amenazas a Cuba menos inminentes, se observa un regreso a la narrativa de que la intervención militar traerá prosperidad económica. Sin embargo, esto ha sido desmentido por voces locales. Los residentes como Martínez destacan que la promesa de bonanza es solo un espejismo en un territorio donde más de 1.400 edificios han sido dejados en el abandono desde que la Marina se retiró en 2004.
Un informe del Gobierno de Puerto Rico para 2026 estima que la presencia militar generará una inversión de 720 millones de euros y un impacto económico total de 1.762 millones de euros. Esta situación ha creado divisiones en la opinión pública, mientras la historia de militarización y lucha por el bienestar en la isla se encuentra en un ciclo interminable. A medida que los cazas patrullan los cielos caribeños y las bases militares absorben fondos públicos, el futuro de Puerto Rico se construye sobre la misma precariedad de siempre.
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Datos basados en información reportada originalmente por elmundo.es.






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