A inicios de 2026, se ratifica la creciente desconexión entre la narrativa política optimista y la realidad económica que enfrenta la ciudadanía. Los datos del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) revelan que la inflación anual se sitúa en 3.79%, un ligero aumento respecto al 3.59% del mismo mes en 2025. Sin embargo, la situación subyacente demanda atención urgentemente.
La inflación subyacente, que excluye los precios de los alimentos y energéticos más volátiles, se disparó a 4.52% anual. Esta alza afecta directamente la vida cotidiana de los mexicanos: restaurantes y servicios de hospedaje reportan un incremento del 7.22%, mientras que en loncherías y taquerías el aumento es del 5.27%. En el sector de proteínas de origen animal, los precios de carne, pollo, pescado, leche y huevo han escalado un 3.91%. Este contexto indica que el problema no se limita a un solo mes; el aumento sostenido en precios de servicios genera una inflación que permanece y es difícil de contener.
Esa presión sobre los precios se refleja en el ánimo de los consumidores. Según la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO) realizada conjuntamente por el Inegi y el Banco de México, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) se ubicó en 44.0 puntos en enero de 2026, una caída de 2.7 puntos desde el año anterior. En una escala donde 50 puntos marcan el límite entre el optimismo y el pesimismo, esos 44.0 puntos indican una marcada desconfianza.
Esta sensación de desánimo se ve corroborada por la evaluación de la situación económica familiar, que descendió 1.3 puntos, acompañada de un estancamiento en el consumo. La disposición a adquirir bienes duraderos, como muebles y electrodomésticos, se mantuvo baja, en 30.5 puntos. Esto refleja la realidad de que cuando los ciudadanos limitan sus gastos, posponen compras y recortan gastos, esto se traduce en un enfriamiento económico palpable.
Además, las expectativas de futuro son igualmente sombrías. Las proyecciones sobre la situación económica del país dentro de un año se desplomaron 6.5 puntos, y el indicador sobre expectativas de precios cae a 15.7, lo que lleva a que las decisiones patrimoniales se congelen: la intención de comprar un vehículo es de solo 15.5 puntos, y para construir o renovar una vivienda, se sitúa en 19.3. Este clima de incertidumbre también afecta las expectativas de empleo, las cuales retrocedieron 5.3 puntos. Con un futuro incierto y costos crecientes, es natural que los consumidores frenen su gasto.
Un dilema significativo que el gobierno federal no puede pasar por alto es la discrepancia entre las encuestas de aprobación, que otorgan entre 69% y 80% de apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum, y la disminución en la confianza del consumidor. Esta dualidad evidencia que, en tiempos de incremento en el costo de vida, la popularidad puede erosionarse a pesar de un respaldo general.
Si la inflación subyacente no se controla, las repercusiones en el ánimo económico podrían tener implicaciones políticas graves. Para mitigar este riesgo, la presidenta debe dejar de lado el estímulo de la demanda a través de mayores gastos y déficits, y concentrarse en reducir costos en áreas como competencia, logística, energía, seguridad y trámites. Al mismo tiempo, el Banco de México debe proceder con cautela y evitar la reducción prematura de las tasas de interés. De no actuar con prudencia, la inflación seguirá golpeando el bolsillo de los ciudadanos, lo que, a su vez, podría llevar a una disminución en la popularidad de la mandataria.
Actualización: Se han registrado cifras de inflación que continúan generando preocupación y que necesitan atención inmediata.
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