El panorama del mercado laboral en México presenta una complejidad que merece atención y análisis detallado. La tasa de desocupación abierta se situó en 2.5% durante el primer trimestre de 2025, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. A primera vista, este número parece alentador, especialmente en comparación con tasas significativamente más altas en países como España (11.2%) y Estados Unidos (4.2%). Sin embargo, el contexto detrás de esta cifra es más intrincado y requiere una lectura cuidadosa.
Es importante señalar que esta tasa de 2.5% se repite en comparación con el año anterior, lo que suscita interrogantes sobre la salud del mercado laboral mexicano. A comienzos de 2024, se vivía un ambiente de crecimiento y optimismo, con la estrategia de nearshoring cobrando fuerza y el gobierno inyectando recursos con miras a un triunfo electoral. En contraste, este año se ha visto un importante decrecimiento en el empleo, con una pérdida notable de 119,896 puestos en el primer trimestre, un cambio drástico respecto a la creación de 630,000 empleos el año anterior.
A nivel práctico, la cifra de desocupados ha mostrado una ligera disminución: de 1 millón 542,215 en 2024 a 1 millón 490,226 en 2025, lo que refleja oficialmente 51,989 personas menos sin trabajo. Sin embargo, entender cómo se llega a esta estadística es crucial. La tasa de desocupación abierta contempla a aquellos que, aunque no están laborando, han manifestado interés en conseguir empleo y han realizado actividades para ello.
El análisis de la Población Económicamente Activa (PEA) revela una disminución de 172,000 personas en este grupo, lo que sugiere que hay menos personas dispuestas a trabajar o en búsqueda de empleo. Un dato preocupante es que 5.3 millones de personas no están empleadas ni buscan trabajo actualmente, aunque aceptarían una oferta si se presentase. Esta situación puede ser atribuible a la desmotivación, la frustración tras varios intentos fallidos de conseguir un empleo, o diversas razones personales y sociales.
Casi 40.8% de la población mayor de 15 años se encuentra dentro de la Población No Económicamente Activa (PNEA), sumando aproximadamente 41.8 millones. De este total, 29.7 millones son mujeres y 12 millones son hombres. Este grupo incluye personas que no están disponibles para trabajar debido a cuidados familiares, impedimentos físicos u otros compromisos. La tendencia aquí también es alarmante, ya que ha aumentado en 1.3 millones desde el año pasado.
Los datos provenientes del INEGI sobre la tasa de desocupación en diversos estados también revelan una diversidad significativa. Guerrero, por ejemplo, presenta la menor tasa con un 0.9%, lo que a primera vista puede parecer positivo, pero detrás de esa cifra se esconde una alta informalidad: un 76.5% de la población ocupada en el estado no tiene un empleo formal reconocido. Esto nos lleva a reflexionar sobre la calidad del trabajo y la fragilidad del mercado laboral en regiones donde la pobreza es abrumadora.
Las cifras del INEGI nos ofrecen un marco claro para entender la situación laboral en México. Sin embargo, el contexto en el que se desarrollan estas estadísticas es fundamental para no caer en una lectura simplista. Con un mercado laboral tan frágil y, por momentos, peligroso, es esencial manejar estos datos con cuidado, analizando más allá de las tasas secas y los números fríos, para descubrir las realidades humanas que yacen detrás de las estadísticas.
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