El conflicto armado en Medio Oriente ha desencadenado un fuerte aumento en los precios del combustible, lo que ya está impactando negativamente a las empresas en todo el mundo. Desde que comenzaron los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, hace aproximadamente cuatro semanas, el precio del petróleo ha aumentado más de un 40%. Este incremento se ha visto impulsado por el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz por parte de Teherán, un paso estratégico por donde circulaba cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado a nivel global.
Los economistas advierten que el encarecimiento de la energía puede llevar a un repunte de la inflación y a una desaceleración del crecimiento económico, un fenómeno que ya se está manifestando. Los datos más recientes del índice de gerentes de compras (PMI) reflejan una clara desaceleración en la actividad empresarial desde el inicio de la guerra. A principios de marzo, el PMI compuesto de Estados Unidos cayó a 51.4 puntos, marcando su menor nivel en 11 meses, una caída que se intensifica desde los 51.9 puntos de febrero. Lo curioso es que, mientras el sector de servicios presenta dificultades, el ámbito manufacturero parece experimentar un leve repunte.
Chris Williamson, economista jefe de S&P Global Market Intelligence, señala que este panorama revela una combinación desfavorable de menor crecimiento económico junto con una inflación en ascenso debido a las tensiones generadas por el conflicto. Las empresas han informado de un impacto negativo en la demanda, resultado de la incertidumbre y del aumento en el costo de la vida.
La situación en la zona euro no es mejor, donde el PMI se ha reducido a 50.5 puntos, una cifra que denota una casi parálisis del crecimiento y un debilitamiento de la demanda. Williamson advierte que estos datos hacen sonar las alarmas de la estanflación, una situación económica caracterizada por un estancamiento del crecimiento combinado con una alta inflación. Este escenario plantea un dilema importante para los responsables de las políticas monetarias, quienes enfrentan la encrucijada de incrementar las tasas de interés para contener la inflación, lo que podría, a su vez, precipitar una recesión.
El mundo sigue observando de cerca cómo se desarrollan estos eventos críticos en Medio Oriente y su repercusión en la economía global, un fenómeno que, sin duda, está provocando temores sobre la estabilidad económica a largo plazo. A medida que se prolonga el conflicto, los efectos colaterales sobre la economía mundial se hacen más evidentes y desafiantes.
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