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La violencia sexual: un arma más barata que las balas

por en InternacionalTiempo de lectura: 2 min

“No hay ninguna parte del mundo en el que las mujeres no hayamos tenido miedo a este tipo de crímenes sexuales a lo largo de nuestra vida”, aseguraba Alicia Cebada, profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III, en una de las mesas de debate de la Conferencia Internacional Un paso más hacia el desarme sexual de los conflictos armados, organizada por la Fundación Mujeres por África, el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado y Spanish Women in International Security, que se ha celebrado esta semana en Madrid.

La jornada contó con la presencia de ponentes de organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil, expertas universitarias, representantes de ONU y OTAN, ministras y altos cargos del actual Gobierno de España, así como activistas de asociaciones de mujeres de países en conflicto (Irak, Siria, Palestina, Somalia, Sudán, entre otros) y líderes de colectivos que emprendieron acciones judiciales contra crímenes sexuales aberrantes, como Las abuelas de Sepur Zarco, en Guatemala.

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Los veinte años de vida y vigencia de la resolución 1325 de Naciones Unidas Mujeres, Paz y Seguridad han permitido que, en teoría, no se cuestione ya la necesidad de una perspectiva de género en los conflictos armados. Sin embargo, en la práctica, la violencia sexual continúa usándose en sociedades fragilizadas por la desigualdad y como arma de guerra, en múltiples vertientes, que van desde el acoso y los insultos misóginos, a los secuestros y violaciones colectivas, pasando por los matrimonios y los embarazos (o los abortos) forzados, la esclavitud o las esterilizaciones no buscadas. Como decía Kamilia Ibrahim, fundadora de la asociación NuWEDA, de Sudán, “la violencia sexual es una táctica de guerra que se cultiva no solo en situaciones bélicas”.

Las desventajas estructurales de género y pobreza suelen estar bajo la herida más común en los países sumidos en conflictos eternos, como son los suicidios y los traumas permanentes de niñas y mujeres violadas que no se atreven a denunciar o de aquellas violentadas que sufren problemas de salud irreversibles como la incontinencia y la falta de control de esfínteres.

No hay ninguna parte del mundo en el que las mujeres no hayamos tenido miedo a este tipo de crímenes sexuales a lo largo de nuestra vida Alicia Cebada, profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III

En este sentido, “son las mujeres las que tienen que contar sus propias historias”, tal como afirmó el ex jefe de Estado de las Fuerzas Armadas senegalesas, Birame Diop. De otro modo, conceptos “tan patriarcales y paternalistas como el atentado contra el pudor y el honor siguen transmitiendo y fijando estereotipos de género, como lo han hecho décadas de legislación internacional humanitaria”, expresó Alicia Cebada, directora también uno de los programas de Mujeres por África.

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Datos basados en información reportada originalmente por elpais.com.

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