El pasado fin de semana, el Secretario General de la ONU, António Guterres, realizó una histórica visita a Siria, marcando su primer viaje al país desde que asumió el cargo en 2017 y siendo el primero de un líder de la organización en 17 años. Este viaje a Damasco lleva consigo un mensaje claro: es un momento crucial para aprovechar la transición política en Siria y trabajar hacia la mejora de las condiciones de vida de sus habitantes.
En una rueda de prensa al finalizar su visita, Guterres enfatizó la necesidad de convertir las oportunidades políticas actuales en mejoras tangibles para todos los sirios, instando a que cada ciudadano se sienta involucrado en la reconstrucción de su futuro. Durante su estancia, se reunió con el presidente interino Ahmed al Sharaa y el ministro de Asuntos Exteriores Asaad al Shaibani, así como con representantes de la sociedad civil, poniendo de relieve su intención de fortalecer el diálogo interno.
El Secretario General expresó ser “más que optimista” respecto a la situación actual en Siria, aunque subrayó que todavía queda un largo camino por recorrer. Destacó que ha notado “avances significativos” en la transición política, pese a los estragos que ha dejado el conflicto bajo el régimen de Bashar al Assad. Añadió que la ONU seguirá siendo “un firme aliado del pueblo sirio” mientras navegan juntos este periodo de transformación.
Sin embargo, no eludió abordar la violencia en el país, particularmente las matanzas de miembros de la minoría alauí en la costa mediterránea y los enfrentamientos en la provincia de Al Sueida. Guterres afirmó que es fundamental completar el proceso de “reconciliación y rendición de cuentas”, apuntando a un compromiso visible para enfrentar estos desafíos, aunque sin ofrecer detalles sobre plazos específicos.
La reconstrucción del país, según el Secretario General, es una tarea urgente que requiere no solo apoyo político, sino también ayudas económicas significativas de la comunidad internacional. En este contexto, Guterres pidió un levantamiento total de las sanciones internacionales que persisten sobre Siria e instó a incrementar inversiones provenientes de organismos multilaterales y gobiernos extranjeros. Según cifras del Banco Mundial, el costo estimado para reconstruir la infraestructura y la vivienda dañadas durante el conflicto asciende a unos 216.000 millones de dólares, una cifra que podría alcanzar hasta 345.000 millones.
Guterres también reforzó la postura de la ONU respecto a los Altos del Golán, territorio sirio que ha estado bajo ocupación israelí desde 1967. Reiteró que las violaciones a la soberanía de Siria son inaceptables y exigió que Israel respete el Acuerdo de Separación de 1974. Durante su estancia, se reunió con el gobernador de Al Quneitra y otras autoridades locales, lo que refleja una estrategia de la ONU de reafirmar su presencia y compromiso en áreas clave.
Además, el Secretario General visitó lugares históricos en Damasco, como la Mezquita de los Omeyas y la Ciudad Antigua, así como la prisión de Sednaya, símbolo de la represión contra opositores del régimen. Con su visita, Guterres no solo subraya la importancia de la paz y la estabilidad en Siria, sino también el papel que juega la historia y la cultura en la reconstrucción del país.
A medida que el paso del tiempo avanza, la comunidad internacional observa con atención la evolución de los acontecimientos en Siria, convencida de que la paz y la dignidad son objetivos que merecen ser perseguidos. La tarea de construir un futuro mejor ha comenzado, pero la cooperación y el compromiso son esenciales para garantizar el éxito de este proceso.
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