En una reciente mañana en Ann Arbor, Michigan, Emma Gerstein, flautista de la Orquesta Sinfónica de Chicago, se enfrentaba a la complejidad de ser madre y artista al mismo tiempo. Con su hijo de diez meses, Ronan, dormido en la habitación contigua, se preparaba para un viaje que la llevaría hasta Carnegie Hall en Nueva York para ensayar bajo la batuta del director musical Klaus Mäkelä.
Gerstein, quien se disponía a comenzar una gira de una semana en la que la orquesta visitaría además Bethesda y Boston, decidió llevar a su segundo hijo con ella. Este desafío logístico no es novedoso para ella: hace dos años, realizó un diario de tour que reflejaba la transición de la orquesta bajo el liderazgo de Riccardo Muti. Ahora, la llegada de Mäkelä representa una nueva era, y Gerstein quería estar presente en su primer tour.
El tema de equilibrar trabajo y maternidad ha sido un desafío recurrente para las mujeres en las artes, especialmente para aquellas que deben destacar en entornos de alta visibilidad. A pesar de los esfuerzos realizados por figuras prominentes en la orquesta para fomentar una cultura más inclusiva, persisten temores acerca de que la maternidad pueda convertirse en un obstáculo para el avance profesional. Sin embargo, las conversaciones sobre estas experiencias se están llevando cada vez más al espacio público, a medida que las artistas comparten abiertamente sus historias.
Con su hermana Jennifer ayudando con el cuidado de Ronan, Gerstein se adentra en la dinámica de ser madre en una gira de música clásica. En su relato, señala que sus colegas han notado su decisión de llevar a Ronan, y recuerda una conversación conmovedora con una compañera que tuvo que dejar a su hijo a casa durante una gira en su juventud. Este tipo de cuentacuentos intergeneracional resuena: el deseo de permanecer cercanas a sus hijos, especialmente durante la lactancia, es un tema que muchas mujeres han enfrentado.
En Nueva York, luego de un ensayo en Carnegie Hall, Gerstein expresó sus sentimientos de cansancio y culpa por dejar a sus hijos en casa. Estas complejidades emocionales son un aspecto normal de su vida, dado que la música no solo es una carrera para ella, sino una pasión. Ella aspira a que sus hijos crezcan viéndola seguir su sueño, y que esto enriquezca sus vidas más que limitarlas.
A medida que avanza la gira, surgen nuevos retos: Ronan desarrolla fiebre y el manejo de su salud se convierte en una preocupación adicional en medio de la programación apretada. Aunque él ha sido descrito como un bebé de buen carácter, la logística del cuidado infantil durante una gira siempre puede ser estresante.
Llegando a Bethesda, la cultura en la orquesta parece haberse flexibilizado; cada vez más músicos llevan a sus hijos en giras, creando un ambiente de trabajo más acogedor. Sin embargo, el sueño y la salud de Ronan son prioridades que Gerstein debe equilibrar con su pasión por la música.
Finalmente, de regreso a Chicago, Gerstein recuerda con nostalgia los altibajos de la gira. Aunque enfrenta responsabilidades cotidianas como las compras y las tareas del hogar, se siente agradecida por el apoyo de su comunidad y su familia. Esta experiencia única refleja no solo la dedicación de una madre a su carrera, sino también el amor incondicional que tiene hacia sus hijos, mientras se esfuerza por demostrar que el equilibrio entre la maternidad y la pasión profesional es posible.
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