Hace un siglo, la participación de las mujeres en el mercado laboral apenas alcanzaba el 6%. Sin embargo, en un notable giro del tiempo y las circunstancias, se estima que en 2025 esta cifra se elevará al 46% en México. A pesar de este avance significativo, persiste una inquietante desigualdad en las condiciones laborales, según un estudio reciente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
El análisis titulado “Mujeres en la economía: 100 años de datos” destaca el impresionante crecimiento de la fuerza laboral femenina a lo largo de las últimas diez décadas. Especialmente en la década de 1960, gracias al proceso de industrialización, la presencia de mujeres en el mercado laboral se multiplicó por 7.6. Sin embargo, la directora de Sociedad del IMCO, Fernanda García, aclara que, aunque el progreso es innegable, la brecha de participación económica entre hombres y mujeres sigue siendo alarmantemente amplia.
El estudio señala que este crecimiento en la incorporación de mujeres al trabajo ha sido impulsado por varios factores, incluyendo un mayor acceso a la educación y situaciones económicas que han aumentado la demanda de mano de obra femenina. Sin embargo, a pesar de estos desarrollos, la falta de políticas públicas enfocadas en el cuidado ha frenado aún más el avance de la participación femenina en el ámbito laboral.
García resalta que en comparación con la política, donde la implementación de cuotas ha permitido una mayor representación femenina, el mundo laboral carece de metas y estrategias definidas que busquen aumentar la presencia de mujeres en el trabajo. Esto subraya la necesidad de generar políticas integrales que no solo fomenten la participación, sino que también aborden las cuestiones relacionadas con el cuidado y el bienestar de las trabajadoras.
La paradoja de la creciente participación laboral femenina radica en que este aumento no ha ido acompañado de mejores condiciones laborales. Aunque en tres décadas la brecha salarial de género se ha reducido del 27% al 13%, lo que significa que las mujeres ganan 13 pesos menos por cada 100 que reciben los hombres, el camino hacia la igualdad sigue siendo desigual. A pesar de esta reducción, la brecha salarial no ha tenido un desarrollo lineal, sufriendo fluctuaciones que complican la tendencia a la equidad.
Otro aspecto crítico es el elevado índice de informalidad laboral entre las mujeres. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), para finales de 2025, la tasa de informalidad femenina se situó en 55.8%, notablemente superior al de los hombres. Esta realidad tiene profundas implicaciones no solo en los ingresos, sino también en el acceso a la seguridad social y la estabilidad jurídica, cuestiones que afectan especialmente a las mujeres en sus etapas de maternidad.
Paralelamente, el aumento en el acceso a la educación ha sido un motor importante para la participación económica femenina. En 1950, solo el 12% de las mujeres contaba con educación superior, mientras que este porcentaje se ha elevado al 53% para 2020. Aun así, la correlación entre educación y empleo no se traduce hoy en día en una participación equitativa en el mercado laboral; muchas mujeres enfrentan obstáculos que dificultan su permanencia y desarrollo profesional. Sorprendentemente, solo el 3% de las direcciones generales están ocupadas por mujeres, revelando un gran reto que aún persiste en México y en el mundo.
La situación actual en el mercado laboral no solo destaca la necesidad de abordar cuestiones estructurales, sino también la urgencia de potenciar el crecimiento profesional de las mujeres en el ámbito empresarial. Las condiciones laborales deben evolucionar para no solo facilitar la entrada de mujeres al mercado, sino también su estabilidad y capacidad de ascenso.
Es innegable que el camino hacia la igualdad en el ámbito laboral todavía está lleno de desafíos. La interacción de elementos como la educación, las políticas de cuidado y las condiciones de trabajo seguirán siendo determinantes en la evolución de la participación económica femenina en los próximos años. Es fundamental que se implementen estrategias efectivas para cerrar estas brechas, poniendo fin a un esquema predeterminado que ha limitado el potencial de tantas mujeres en el país.
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