Como máxima responsable de la división de igualdad de género y directora de los programas desarrollo y vigilancia de vacunas y enfermedades entéricas y diarreicas en la Fundación Bill y Melinda Gates, Anita Zaidi es una de las voces más prominentes del mundo en cuestiones que afectan a las mujeres y a las niñas. En esta entrevista habla de la naturaleza sexista de la pandemia de la covid-19 y de lo que hará falta para garantizar un progreso continuo hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a pesar de los reveses del pasado año y medio.
El vínculo género-pobreza
Pregunta: En noviembre de 2020, usted se convirtió en la primera presidenta de la recientemente creada división de igualdad de género de la Fundación Bill y Melinda Gates. Al explicar qué la atrajo a ese rol, usted dijo: “La causa fundamental de muchas de las enfermedades está relacionada con la pobreza, y la pobreza es sexista. Si no se aborda la desigualdad de género, el progreso tanto en materia de salud como de desarrollo se paralizará”. ¿Cuáles son algunas de las maneras más significativas por las que la pobreza afecta desproporcionadamente a las mujeres y de qué modo el progreso en el campo de la igualdad de género sacaría a más gente de la pobreza?
Respuesta: Sin duda, la pobreza agranda y profundiza las desigualdades existentes. La desigualdad de género persiste en todas partes, pero la experiencia está forjada por factores interconectados que se desarrollan y extienden más allá del género. Estos incluyen la raza, la clase socioeconómica, la edad, la orientación sexual y la discapacidad.

Reconstruir de nuevo para las mujeres
P: En una entrevista el año pasado, usted afirmó que la covid-19 había expuesto la manera en que “nuestro mundo actual se construye básicamente sobre las espaldas de las mujeres y de su mano de obra no remunerada”. ¿Cómo debería reformularse o revalorizarse la atención y el trabajo no remunerado después de la pandemia? ¿Qué estructuras hay que “reconstruir mejor” (o construir de la nada) para apoyar la participación económica y el empoderamiento de las mujeres?
R: Colocarlas en el centro de la formulación e implementación de políticas. La capacidad de trabajo de las mujeres tiene consecuencias directas en la reducción de la pobreza, porque la cantidad de tiempo dedicada a un cuidado no remunerado guarda una relación negativa con la participación femenina en la fuerza laboral.
Entre las soluciones comprobadas está la inversión en servicios públicos –como agua corriente, saneamiento, electricidad y transporte– para reducir el esfuerzo y el tiempo que las mujeres dedican a los quehaceres domésticos y ofrecer apoyo y subsidios para la atención infantil a fin de ayudar a los hogares a manejar mejor el trabajo remunerado y el cuidado no remunerado.
El vínculo género-salud
P: La salud es un factor importante en la igualdad de género. ¿Hay sistemas de salud ejemplares que funcionen bien para las mujeres o modelos de trabajo que se puedan escalar o replicar?
R: Es verdad que existen disparidades de género importantes en la salud y que los sistemas sanitarios no son neutros en materia de género. Las mujeres enfrentan múltiples desafíos: no solo deben asumir las responsabilidades de cuidado de sus familias, sino que las partes de los sistemas de salud que se ocupan principalmente de las mujeres muchas veces son los más frágiles y los peor financiados.
Para que los sistemas de salud funcionen para las mujeres es necesario entender los desafíos en todos los niveles. Esto incluye recopilar datos que estén desagregados por sexo, para que seamos conscientes de las tendencias en el uso de servicios y de los resultados sanitarios. Así es como se garantiza que las instalaciones de salud y los trabajadores médicos estén equipados para satisfacer las necesidades de las mujeres y las niñas.
Un gran ejemplo de diseño de sistemas para las mujeres es el esfuerzo de Bangladés para capacitar a miles de trabajadores de la salud comunitarios (la mayoría de ellos, mujeres). Esto ha aumentado el acceso a parteras calificadas y ha dado lugar a servicios de salud reproductiva más integrados, donde la planificación familiar, la atención prenatal y la atención neonatal están todas en un mismo lugar.
Lecciones desde el terreno
P: Usted ha pasado gran parte de su vida profesional trabajando tanto en Pakistán como en Occidente. ¿Cuán importante fue esto para usted no solo personalmente sino también a nivel profesional?
R: Mi experiencia de vida y de trabajo en Pakistán ha tenido una influencia considerable en mi carrera en salud materna e infantil, así como a la hora de defender la igualdad de las mujeres. He pensado mucho en que estamos diseñando sistemas de atención que no les sirven y que la salud global no funciona para ellas.
Por ejemplo, vi cómo las mujeres son invariablemente las que traen a sus hijos a la clínica para las inmunizaciones y, sin embargo, el diseño de los programas no estaba centrado en sus necesidades. Las mujeres tienen que hacer un viaje a la clínica para las inmunizaciones, otro para la planificación familiar, un tercero para la atención posnatal y así sucesivamente.


