La noche del 18 de septiembre de 2026 marcará un hito en la historia de la música clásica en España. En la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, la Orquesta Nacional de España (ONE) dio la bienvenida a su nuevo director titular, Kent Nagano, de 74 años, con una emotiva interpretación de la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler, conocida como “Resurrección”. Esta performance no solo rescató sentimientos y memorias de un pasado reciente, sino que también reveló la llegada de un nuevo capítulo en la vida de la orquesta.
Nagano, que reemplaza a David Afkham, enfatizó la importancia del “encuentro” en su visión artística. En un video promocional para la temporada, el director habló de crear un “espacio para un encuentro entre músicos, compositores, artistas y el público”. Esta perspectiva resuena con lo que expone en su libro “10 lecciones en mi vida”, donde reflexiona sobre cómo los encuentros han moldeado su trayectoria profesional. Su compromiso por estrechar lazos entre todos los involucrados en la música es un punto central en su inauguración con la ONE.
El programa de la noche incluyó una obra inaugural de Mikel Urquiza, titulada “Deseo tomó delicia”, que establece un diálogo entre un coro y una orquesta de metales, percusión y arpa. Este estreno fue diseñado para preparar el terreno para la sinfonía de Mahler, conectando de manera creativa temas de resurrección y renacimiento, que son pilares fundamentales en el universo del compositor.
El concierto se desarrolló sin pausas, lo que permitió que la energía se mantuviera fluida. El Coro Nacional, acompañado por la orquesta, ofreció un espectáculo sonoro en el que se resaltaron la claridad y la sobriedad del mensaje.
La interpretación de Mahler fue notable. El primer movimiento, con su encanto fúnebre y sus transiciones meticulosamente gestionadas, llevó al público a un viaje emocional profundo. La disposición de los músicos en el escenario, con violines enfrentados y una orquesta excepcional en diálogo, garantizó una claridad sonora impresionante.
Las variaciones en el segundo movimiento revelaron la tensión y la calidad técnica del Coro, mientras que el scherzo, con su ritmo danzón, ofreció momentos de brillantez, aunque sin perder parte de su carácter melancólico. El momento culminante llegó con el extenso finale, donde la fanfarria inicial evocó la devastación y el juicio final, logrando que la audiencia se sintiera atrapada en un clímax dramático.
Finalmente, el coral de resurrección dio paso al alivio, con voces que se elevaron suavemente en una proyección casi íntima, culminando en una poderosa afirmación sobre la vida y la muerte. La destreza de Nagano en manejar esta complejidad emocional y musical dejó una impresión duradera.
El 19 y 20 de septiembre, los asistentes tendrán otra oportunidad de experimentar esta resurrección; la ONE, bajo la batuta de Nagano, promete seguir deslumbrando al público con su capacidad para conectar y resonar profundamente a nivel humano y musical.
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