Un retrato de una colección británica, que desde hace mucho tiempo se había catalogado como una copia de un painting original de Rembrandt, ha cobrado nueva vida gracias a la investigación de un destacado académico. La obra, conocida como “Viejo con cadena de oro” y datada a principios de la década de 1630, representa a un hombre mayor que usa una cadena dorada y un sombrero con plumas. Por primera vez en casi cuatro siglos, este cuadro ha sido reunido con su versión aceptada en el Art Institute de Chicago.
El museo estadounidense alberga el retrato considerado genuino, pintado sobre panel, mientras que la otra versión más pequeña y sobre lienzo fue prestada por Sir Francis Newman, un empresario de Cambridge. Esta última ha sido etiquetada como una “copia” de un artista del taller de Rembrandt. Sin embargo, el renombrado erudito Gary Schwartz sostiene que ambos cuadros son, de hecho, obra del maestro neerlandés. Schwartz defiende su posición al señalar la calidad del pincelado y el hecho de que muchos artistas de la época repetían sus propias obras al ver que lograban buena aceptación entre los clientes.
En 1699, un contemporáneo de Rembrandt observó que “prácticamente no había pintor en los Países Bajos que no repitiera una de sus obras por puro placer o a solicitud de un cliente”. Este contexto histórico es clave para comprender la práctica común de replicar obras maestras en el siglo XVII.
La conexión entre ambos retratos ha sido posible gracias a nuevos estudios de imagen. Schwartz comentó que, al realizar investigaciones a través de rayos X e imágenes infrarrojas, se identificaron trazos subyacentes en la versión de Chicago que indican cambios en el vestuario del hombre representado. Al contrastar el cuadro de Newman, se evidenció que no había correcciones, un detalle que, según Schwartz, refuerza la idea de que Rembrandt mismo pudo haber pintado la obra.
La pintura del Reino Unido fue adquirida como un Rembrandt en 1898 por el tatarabuelo de Newman en una galería de Londres, donde se le trataba con seriedad. Sin embargo, desde que apareció la versión de Chicago en 1912, expertos como Wilhelm Bode habían descartado la autenticidad del retrato británico, catalogándolo como “una reproducción ingeniosa”.
La versión de Newman ha sido exhibida anteriormente solo una vez, en 1952, donde algunos expertos también la clasificaron inicialmente como una obra original de Rembrandt. A pesar de sus similitudes, investigaciones recientes han demostrado diferencias importantes. Por ejemplo, las técnicas utilizadas para pintar las pestañas y otros detalles varían notablemente entre ambas obras.
Además, un estudio de la Hamilton Kerr Institute en la Universidad de Cambridge señaló que la composición y los pigmentos utilizados en la versión británica coinciden con los materiales empleados por Rembrandt. Aunque el Art Institute de Chicago se adhiere a la idea de que la obra del Reino Unido es una producción de taller, también han admitido que el debate sobre la autoría de estas copias continúa en evolución.
La incertidumbre que rodea la pintura ha intrigado a Newman, quien ha disfrutado del aura de misterio que la acompaña. Si se confirma que es otra obra de Rembrandt, planea donarla a un museo.
Este nuevo desarrollo ha abierto la puerta a un análisis más profundo de la obra de Rembrandt y su proceso creativo. La discusión sobre la autoría y la técnica en el arte se verá enriquecida por este tipo de investigaciones, invitando a los expertos y amantes del arte a mirar estas piezas clásicas desde una perspectiva renovada.
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