En un mundo donde la gastronomía se reinventa constantemente, OTTO se presenta como un rincón fascinante de Lomas de Chapultepec, ubicado en Casa Hotbook (Monte Líbano 280). Aquí, la experiencia culinaria no se limita a lo predecible; más bien, se basa en una filosofía que respeta el momento del producto y la creatividad del chef.
Cada visita promete un encuentro distinto. Un temaki de salmón, por ejemplo, puede ofrecer una variación en su presentación y sabor, adaptándose a la pesca del día o a los insumos en su mejor condición. Esta flexibilidad se sustenta en un principio japonés: omakase, que significa “lo dejo en tus manos”. Al optar por esta modalidad, los comensales se deslindan de la decisión sobre cada plato, confiando en la habilidad del chef para construir un recorrido que respete la calidad de los ingredientes disponibles.
OTTO no obliga a sus clientes a embarcarse en un menú degustación de nueve tiempos, sino que también permite la opción de seleccionar platos individuales como nigiris, sashimis o temakis de la carta. Este sistema es parte del atractivo del restaurante, que integra productos importados de Japón y pescados frescos seleccionados de las costas mexicanas. Entre estos últimos, se destaca el atún aleta azul de granjas sostenibles en Baja California, reflejando un compromiso con la sostenibilidad y la calidad.
La preparación de sushi es un arte que requiere atención a los detalles. Un sashimi depende del corte preciso, mientras que un nigiri exige el equilibrio perfecto entre el arroz y el pescado. En el caso del temaki, la experiencia se amplía con la textura del alga nori, que debe ser disfrutada en su punto óptimo para evitar perder su crujiente.
El equipo detrás de OTTO, liderado por el chef Marcelo Hisaki y sus jóvenes colaboradores Emmanuel Martínez, Osmar Pallares y David Navarro, busca cada día dar un nuevo matiz a sus preparaciones. Con un enfoque en la técnica japonesa y la interpretación personal, la cocina se convierte en un diálogo constante entre lo tradicional y lo contemporáneo. Esta filosofía es en parte heredada de Watanabe, un maestro de Hokkaido que enfatizaba que un plato es el resultado de las manos que lo elaboran.
El diseño de OTTO también merece mención. Creado por Ilse Garza, el ambiente íntimo está diseñado para complementar la experiencia culinaria sin distraer de ella. Los visitantes no solo pueden disfrutar de los sabores en sus platos, sino también sumergirse en un espacio donde el arte y el diseño conviven.
A medida que la carta evoluciona con cada estación y la disponibilidad de ingredientes, los fieles a OTTO encuentran razones para regresar, sabiendo que incluso su plato favorito puede verse hilado con una nueva historia. Por ende, el acto de sentarse a la mesa no se reduce a una simple reiteración, sino que se convierte en una experiencia única que respeta la naturaleza cambiante de la cocina.
Con un cheque promedio de $800 por persona, OTTO se posiciona como una opción interesante en el panorama gastronómico de la Ciudad de México, donde el respeto por la tradición y la innovación se dan la mano, ofreciendo a los comensales una nueva razón para deleitarse en cada visita.
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Datos basados en información reportada originalmente por eleconomista.com.mx.






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