Finalmente, el verdadero Michael Fried se ha presentado en una nueva colección que revela su singularidad como poeta, poseedor de una memoria casi divina. A los 87 años, este crítico estadounidense ha sobrevivido a las acusaciones de formalismo que le lanzara Peter Schjeldahl, destacándose en una época saturada de inteligencia artificial, donde su enfoque resulta más pertinente que nunca. La recopilación de sus escritos, que incluye ensayos críticos, prosa poética y una autoentrevista, se publicará en 2026 bajo el título Collected Writings: Essays, Poems, Interviews. Esta obra se erige como la joya de su trayectoria, expandiendo la rigurosidad de su influente ensayo “Art and Objecthood” (1967), que lo consagró como una figura polémica al criticar abiertamente a los Minimalistas de la era post-Warhol.
Es interesante notar que Fried no es simplemente un detractor de la corriente Minimalista, sino un aclamado intelectual que trasciende esas etiquetas. Más allá de rechazar el arte como mero entretenimiento, aboga por un enfoque que se opone a una teatralidad egocéntrica. A menudo malinterpretado como un defensor de una visión anticuada del arte, su escritura revela una conexión profunda con los valores estéticos que trascienden modas pasajeras. Se aleja de una crítica superficial para demostrar una aguda sensibilidad hacia la forma y el contenido.
A medida que nos invita a reflexionar, Fried sugiere que necesitamos rechazar las exigencias del mercado y los consumos superficiales que definen nuestra relación con el arte. Su admiración por contemporáneos como Edward Said y el escultor Anthony Caro subraya su creencia en la relevancia del arte comprometido, uno que no sólo busca complacer, sino que también reta al espectador a una inmersión genuina.
Fried introduce el concepto de “absorción”, que se refiere a cómo el arte puede atraer a los espectadores hacia un estado de meditación y reflexión. Este enfoque contrasta radicalmente con el Minimalismo que criticó, que a menudo se centra en el espectador como creador de significado. Según Fried, la verdadera esencia del arte reside en su capacidad para existir por sí misma, sin la necesidad del “yo” que avanza a la escena.
A lo largo de su carrera, ha insistido en la importancia de un enfoque crítico que integre lo político, lo poético y lo estético. Este “criticismo con convicción” le permite enfrentar los dilemas del presente con una claridad que parece escasa en el panorama artístico actual, atenuado por los avances tecnológicos y la banalización del arte.
Con su capacidad para entrelazar recuerdos, la obra de Fried se convierte en un reflejo de su compromiso con el Modernismo. En una época donde el arte digital y la IA dominan, sus argumentos resuenan, recordándonos que el arte tiene el poder de desafiarnos y sanar nuestros contextos inmediatos.
En un mundo que a menudo parece consumir la creatividad en favor de la conveniencia, la figura de Fried emerge como la voz de una tradición que se niega a ser eclipsada. En palabras del propio crítico, nunca antes el arte había enfrentado desafíos tan complejos, y su labor es trazar un camino a través de esta confusión, celebrando la vitalidad de la historia del arte mientras se opone a la superficialidad de la era contemporánea.
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