La electricidad se está encareciendo a un ritmo alarmante. Aunque este aumento aún no repercute en los usuarios finales de inmediato, la primera ola de un tsunami inflacionario ya está impactando las finanzas de la CFE. Este fenómeno se gesta en lugares como Texas, Arizona y California, donde existe una creciente demanda de componentes eléctricos: cables, interruptores, generadores y transformadores, esenciales para la infraestructura de nuevos centros de datos.
Los efectos se hacen visibles en los resultados financieros de la CFE, especialmente en el segundo trimestre de 2026. Para junio, la empresa reportó un incremento notable en sus gastos, con 77 mil 219 millones de pesos destinados a adquirir plantas, instalaciones y equipos, lo que representa un aumento del 167% en comparación con los 28 mil 888 millones del mismo período en 2025. Este contexto se agrava por el interés de la presidenta Claudia Sheinbaum en invertir más de 700 mil millones de pesos en infraestructura eléctrica este año. Sin embargo, cada nuevo kilowatt demanda desembolsos significativamente mayores que el año anterior.
Los datos provenientes de los almacenes de la CFE son igualmente llamativos: el inventario de refacciones y equipos ha aumentado un 25% en solo seis meses, alcanzando un total de 6 mil 760 millones de pesos. Un dato particularmente revelador se encuentra en la Nota 17 de su reporte, relacionada con pasivos contractuales de largo plazo, que ascienden a casi 2 mil 300 millones de pesos, un rubro que en 2025 no existía.
Este significativo gasto proviene de la implementación de un nuevo mecanismo financiero, el fideicomiso FORTASEN, mediante el cual la CFE emitió cartas de crédito por 131.6 millones de dólares con BNP Paribas y BBVA para las centrales de ciclo combinado en Altamira, Salamanca y Mazatlán. La justificación es clara: se trata de anticipos para asegurar la disponibilidad de equipos fundamentales que aún no han sido entregados. A nivel mundial, los tiempos de entrega de turbinas y transformadores se han extendido de tres a cuatro años. Por lo tanto, quienes no aseguran financiamiento con anticipación corren el riesgo de quedarse sin equipos.
No se trata de una cuestión de malversación de recursos, sino de un cuello de botella en la infraestructura global que nadie previó. La demanda de productos eléctricos ha superado las expectativas, y este problema ya está teniendo repercusiones en México.
En la región, la fabricación de equipos eléctricos en Estados Unidos se ha encarecido un 14% solo en el tiempo que Sheinbaum ocupa la presidencia, y en los últimos cinco años, los costos han aumentado un 56%. Con la reciente declaración del Departamento de Energía de Estados Unidos sobre un crecimiento exponencial en la demanda de energía, impulsado por el auge de centros de datos y nuevas fábricas, la situación no parece mejorar en el corto plazo.
Entramos en una etapa donde los gastos en energía serán elevados, y es crucial que el país explore alternativas para afrontar estos costos crecientes. Un camino posible es diversificar y ofrecer productos de mayor valor en el mercado de tecnologías emergentes. Fabricar coches, por ejemplo, ya no representa un sector con alto valor agregado.
La necesidad de adaptarse y aprender a innovar en la producción es urgente. Debemos estar preparados para estas transformaciones, no solo para asegurar una infraestructura eléctrica eficiente, sino también para enfrentar los desafíos de un entorno económico que está cambiando rápidamente.
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Datos basados en información reportada originalmente por eleconomista.com.mx.






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