La reciente reforma aprobada por el Senado de la República ha suscitado un intenso debate en torno a las pensiones de personal de confianza en dependencias públicas. Esta medida establece un tope de 70,000 pesos para dichas pensiones, pero excluye explícitamente a las Fuerzas Armadas, lo que ha generado preocupaciones sobre la equidad y claridad del decreto.
Un analista, que prefirió permanecer en el anonimato, ha destacado que la exclusión de las Fuerzas Armadas contrasta con la inclusión de otros organismos descentralizados como el IMSS, ISSSTE, la UNAM y Banco de México. Esto ha abierto la puerta a preguntas sobre a quién realmente afecta el tope propuesto. La ambigüedad en la redacción del decreto ha dejado dudas sobre cuántos funcionarios se verían afectados y qué impacto real tendría en las finanzas públicas, lo que complica aún más el análisis de la medida.
Asimismo, el tope de las pensiones ha sido fijado conforme al salario de la presidenta, estableciéndose en la mitad de este. Esta disposición ha sido criticada por contradicciones con el artículo 16 de la Constitución, que establece que las pensiones deben valorarse en términos de Unidades de Medida y Actualización (UMAS). Se plantean inquietudes sobre cómo cualquier variación en el salario de la presidenta podría influir en el tope establecido, generando cuestionamientos acerca de la estabilidad y previsibilidad de la reforma.
El artículo segundo transitorio de la reforma también establece que el tope de 67,145 pesos netos al mes se aplicará de manera retroactiva, afectando incluso pensiones otorgadas antes de la entrada en vigor del decreto. Un especialista ha señalado que, a partir de una resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 2015, es posible que esta retroactividad sea aplicable. Esto podría complicar los intentos de los jubilados de ampararse contra la reforma, dado que la retroactividad podría interpretarse como una violación del principio constitucional en este contexto.
Las implicaciones de la reforma son profundas y, según el analista, la presentación de un proyecto con tales “errores garrafales” sugiere una falta de rigor en su redacción. En un momento en que la crítica a los llamados “privilegios” se intensifica, el hecho de que senadores hayan aprobado esta propuesta sin modificaciones añade capas de complejidad al ya difícil panorama de las pensiones en México.
La reforma ahora se encuentra en manos de la Cámara de Diputados, donde podrá ser revisada y potencialmente corregida. Los próximos pasos en este proceso legislativo serán cruciales, en un contexto donde la transparencia y la equidad en el sistema de pensiones se vuelven temas de vital importancia para el país.
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