Lo que se observa al ir al supermercado en México puede resultar frustrante. Los precios de muchos productos se alejan de lo que muchos considerarían justo. A menudo, se señala al aguacate como el símbolo del episodio de altos costos en el campo mexicano, sin embargo, hay una gama de frutas y verduras cuyos precios superan significativamente lo que reciben los productores.
Recientemente, una usuaria de X (anteriormente Twitter), conocida como La Panquecita, compartió una tabla que ilustra la notable diferencia entre lo que se paga a los agricultores y lo que finalmente abre la billetera del consumidor en 2024. Esta información se sustenta en datos aportados por el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) y la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco).
La tabla desglosa el precio promedio por kilogramo que reciben los productores respecto al que paga el consumidor. Esta recopilación de datos se basa en más de 520,000 observaciones a nivel nacional.
Entre los productos que destacan por sus márgenes de ganancia está el ajo, que muestra la mayor discrepancia, con un precio al productor de 21.36 pesos frente a un costo al consumidor de 139.15 pesos, resultando en un aumento de +652%. Le sigue la granada, muy popular en ciertas temporadas, con un precio al productor de 13.40 pesos y un precio al consumidor de 104.03 pesos, lo que representa una ganancia comercial de +776%. El tamarindo, un ingrediente clásico en dulces y bebidas, también sorprende, con un precio al productor de 9.55 pesos y un costo al consumidor de 94.88 pesos, reflejando una ganancia del +894%. Otros productos que muestran altos márgenes son la uva, el durazno, la guanábana, la fresa, la ciruela y, por supuesto, el aguacate.
La diferencia en los precios se atribuye a diversos factores dentro del modelo de comercialización agrícola en México. Los costos de producción, que incluyen siembra, cultivo y cosecha, fluctúan en función de la región y la tecnología utilizada. Además, la dinámica de oferta y demanda puede hacer que los precios bajen o suban significativamente. Las políticas públicas, que abarcan subsidios y programas de apoyo, también anidan en el escenario. A su vez, factores internacionales y climáticos pueden influir directamente en los precios locales.
Más allá de los números, la realidad del campo mexicano plantea un problema estructural que va más allá de los precios. Estado como Sonora, Sinaloa, Jalisco, Baja California y Chihuahua cargan con un modelo agrícola dominado por grandes empresas que poseen vínculos políticos. Esto ha generado una desigualdad en la que muchos jornaleros enfrentan condiciones laborales difíciles, con bajos salarios y escasos derechos laborales, situación que se refleja en el precio final de los productos en el mercado.
Al final, la información expuesta resuena con la realidad de muchos consumidores, ilustrando cómo la brecha de precios entre el campo y el supermercado refleja no solo un problema de costos, sino también un importante desafío social en la agricultura mexicana.
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