Peligro mortal: minas acechan a comunidad Awá
Colombia sigue enfrentando el desafío del terror de las minas antipersonales, que continúan representando una amenaza mortal para la población.
Colombia sigue enfrentando el desafío del terror de las minas antipersonales, que continúan representando una amenaza mortal para la población.
En los últimos años, Colombia ha experimentado un aumento significativo en la migración, lo que ha llevado a la llegada de un enlace de la Policía de Nueva York a Bogotá.
En las últimas 48 horas, la ciudad de Barranquilla ha sido testigo de una serie de 14 asesinatos, lo que refleja la cruda realidad de la guerra urbana que desangra a la ciudad.
En los últimos tiempos, el paso de migrantes por la selva del Darién ha alcanzado cifras récord bajo el dominio del clan del Golfo. Esta situación ha generado preocupación tanto a nivel nacional como internacional.
Hace poco se ha revelado un preocupante ejemplo de la violencia silenciosa que padece el Caribe colombiano. La localidad de Codazzi se ha convertido en el epicentro del ataque constante del clan del Golfo, una organización criminal que ha sembrado el miedo y el caos en la región.
#COLOMBIA #OBREROS | Desde hace cinco días, los trabajadores que laboran en minas ilegales en el noroeste de Colombia han estado bloqueando vías y amedrentando a la población local en rechazo a las medidas oficiales.
#SIOPAS #NARCOTRAFICANTES | La policía encontró el miércoles el cuerpo de Wilmar Antonio Quiroz, también conocido como Siopas, uno de los herederos del extraditado capo Otoniel, líder de la mayor banda de narcotraficantes de Colombia, en una carretera en el noroeste del país.
Debido al grupo criminal Clan del Golfo, Colombia vive la peor ola de violencia de los últimos años, y la Policía colombiana se ha convertido en blanco de este grupo, aumentando sus asesinatos en las últimas semanas.
En Colombia, el clan del Golfo ha paralizado estos días algunas partes del país en respuesta a la extradición de Otoniel a Estados Unidos
los 4.099 campesinos desplazados por grupos armados están una vez más entre la espada y la pared