El próximo 2 de febrero se celebrará el Día de la Candelaria, un evento que marca el cierre del Maratón Guadalupe-Reyes-Candelaria, un periodo lleno de celebraciones y tradiciones familiares. Este día, quienes sacaron al Niño Dios de la Rosca de Reyes se comprometen a organizar una “tamaliza”, donde la familia se reúne para compartir tamales y atole, simbolizando la unión y la convivencia.
La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) estima que en este 2026 se venderán entre 25 y 30 millones de tamales en todo el país. Este platillo, cuyo nombre proviene del náhuatl “tamalli”, que significa “envuelto”, es un básico de la gastronomía latinoamericana, elaborado con masa de maíz rellena de diferentes ingredientes, que se envuelven en hojas y se cocinan al vapor. Su historia se remonta a más de 5,000 años, cuando culturas como los aztecas, mayas y olmecas comenzaron a elaborarlos con ingredientes que variaban desde carne de guajolote hasta chiles y vegetales. Con la llegada de los colonizadores, los tamales se enriquecieron con nuevos sabores, como la carne de cerdo y especias, dando lugar a la diversidad que hoy se celebra.
En México, se estima que existen más de 500 variedades de tamales, cada uno reflejando la rica tradición culinaria y los ingredientes locales de diferentes regiones. Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC, menciona que el maíz permite infinitas versiones, adaptándose a las costumbres y sabores de cada lugar.
A continuación, exploramos algunas de las variaciones más representativas de tamales en diferentes regiones del país:
Noroeste de México: En Sonora, destacan los tamales de elote, suaves y dulces, mientras que en Chihuahua se ofrecen tamales norteños, típicamente rellenos de carne de res o cerdo en salsa roja. Baja California se inclina hacia la propuesta marina, con tamales de pescado.
Centro de México: En la Ciudad de México, el tamal tradicional abunda, con opciones que varían desde salsas verdes hasta guajolotas, que son tamales servidos dentro de un bolillo. Puebla es famosa por sus tamales de mole poblano, y Tlaxcala ofrece los peculiares tamales de ombligo.
Occidente: En Jalisco, los tamales de cerdo son acompañados de atole en eventos especiales. Michoacán presenta las corundas, tamales triangulares que a menudo se sirven con crema y queso.
Sur: Oaxaca se destaca con sus tamales de mole negro, mientras que Chiapas ofrece tamales de chipilín, con un sabor único, y Veracruz presenta el zacahuil, un tamal gigante de barro.
Golfo y Huasteca: En San Luis Potosí, los tamales huastecos se envuelven en hoja de plátano, y Tamaulipas se inclina hacia tamales picantes rellenos de carne. Querétaro tiene su propia variante con tamales de charales, elaborados con pequeños peces secos.
La diversidad de los tamales no solo es un reflejo de la historia gastronómica de México, sino también una celebración de la cultura y la comunidad. Este 2 de febrero, mientras millones de personas disfrutan de este delicioso platillo, también se unen a través de una tradición que ha perdurado a lo largo de los siglos, fortaleciendo lazos familiares y regionales.
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