Caracas se encuentra en estado de emergencia tras la devastación provocada por dos sismos que sacudieron el país el 24 de junio de 2026. El primero, de magnitud 7.2, tuvo su epicentro a 21 km al oeste de Morón y ocurrió a las 18:04 horas. Apenas un minuto después, un segundo temblor, aún más fuerte, de magnitud 7.5, siguió este primer evento, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Los efectos del sismo se extendieron hasta Colombia, donde los habitantes de Bogotá también sintieron el movimiento.
Las autoridades han expresado su preocupación ante las estimaciones iniciales del USGS, que indican que el número de víctimas fatales podría oscilar entre 10,000 y 100,000. Diosdado Cabello, ministro del Interior, confirmó la gravedad de la situación, mencionando que en varias regiones, especialmente en Caracas, se reportaron edificios y viviendas colapsadas, así como heridos y escenas de pánico en las calles.
En un concurrido centro comercial del barrio de Altamira, los clientes vivieron momentos de terror cuando el piso comenzó a temblar. “Fue increíble, no sé ni cuánto tiempo duró. Estaba en el último piso. Cayeron muchas cosas de los negocios. Salimos por las escaleras de emergencia”, narró Heidi Romero, comerciante de 42 años, quien fue testigo del caos.
La situación en Caracas es alarmante, con muchas zonas reportando cortes de electricidad y las calles cubiertas de restos de vidrios de ventanas. Decenas de personas que abandonaron edificios aguardaban en la calle, temerosas de nuevas réplicas.
Las autoridades han movilizado a los cuerpos de bomberos y a la policía para atender la emergencia. Además, se ha informado sobre daños en las instalaciones del aeropuerto internacional de La Maiquetía, situado a unos 40 km de Caracas, lo que complica aún más la respuesta a la crisis.
Venezuela, un país que experimenta sismos con frecuencia, ha enfrentado desastres naturales en el pasado. Los terremotos más mortales en los tiempos recientes incluyen el de Cariaco en 1997, que dejó 73 muertos, y el de Caracas en 1967, con un saldo de 236 fallecidos.
La situación sigue siendo crítica mientras las autoridades evalúan el alcance total de los daños y se preparan para la recuperación en los días que vienen. Las comunidades afectadas enfrentan un desafío urgente que requiere tanto apoyo inmediato como soluciones a largo plazo.
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