En el cruce de culturas y tradiciones culinarias, la historia de dos artesanos resuena con fuerza: Trevor Baca, un fotógrafo y fundador de una tienda de importación de ingredientes y suministros mexicanos, y Serhii Martynko, un ceramista ucraniano cuyas raíces se hunden en el terreno sagrado de la historia de su país. Ambos están ligados a sus tradiciones cullinarias a través del trabajo con la cerámica, pero lo hacen desde sus propias realidades y experiencias.
La historia de Baca comienza con la migración de sus ancestros desde México City a Chihuahua, y más tarde a Nuevo México, donde su abuelo nació. Con una formación en escuelas culinarias, Baca decidió explorar su herencia familiar viajando a México, donde la cocina tradicional y el comal, una plancha de barro, destacan como elementos esenciales. “Cuando cocino en un comal y doy vuelta una tortilla, regreso a mi infancia; es una conexión directa con mi abuela”, comparte. Busca conectar con otros mexicanos americanos que, al igual que él, desean volver a sus raíces a través de métodos ancestrales de cocción. Sus comales, traídos de una comunidad en San Marcos Tlapazola, Oaxaca, son un testimonio del amor y la tradición que se vierten en cada platillo. “Al asar chiles en un comal, los sabores son más pronunciados; es como si la esencia del amor que pongo en la comida realzara cada bocado.”
Por otro lado, en Ucrania, Serhii Martynko también lleva consigo una rica herencia cultural. Luchador en las líneas del frente tras la invasión de Rusia en 2022, Martynko ha encontrado refugio en los Estados Unidos, aunque su taller de cerámica sigue funcionando en Dnipro. Su enfoque radica en la creación de utensilios de barro que rememoran las antiguas técnicas de la civilización tripiliana, que cocinaban pan en hornos de leña. “Trabajar con arcilla es una meditación; aquí en el torno, mis pensamientos fluyen”, explica. Sus piezas no sólo son útiles, son una extensión de su vida y una forma de mantener vivas sus tradiciones ancestrales.
Ambos artesanos, a través de sus oficios, están redescubriendo y preservando su rica herencia cultural en un mundo que cambia rápidamente, iluminando el camino para otros que buscan reconectar con sus raíces. El comal de Baca y la cerámica de Martynko son mucho más que simples utensilios; son puentes entre generaciones y un reflejo del amor y la resiliencia de sus ancestros. Así, mientras Baca y Martynko continúan sus trabajos, cada plato y cada pieza de cerámica cuentan una historia de pertenencia, tradición y conexión humana.
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