Cuando los aficionados al fútbol se reúnan en Dallas este mes para los partidos de la Copa del Mundo, muchos de ellos se verán rodeados de museos de arte, galerías y exposiciones de arte público. Sin embargo, el atractivo visual de la ciudad se verá empañado por la ausencia de una obra monumental: el mural “Ocean Life”, del artista Robert Wyland, que fue cubierto en mayo, generando controversia en el ámbito artístico y legal.
Wyland, conocido por sus esfuerzos en concienciar sobre la contaminación marina, ha presentado una demanda federal de $25 millones contra la FIFA y los propietarios del edificio donde se ubicaba su mural, que había sido un ícono durante más de 25 años. Este mural, de 17,000 pies cuadrados y ocho pisos de altura, ilustraba ballenas jorobadas y delfines, destacando la belleza y vulnerabilidad de la vida marina.
La demanda, interpuesta el 1 de junio en el tribunal del Distrito de Dallas, alega que la destrucción de esta obra violó los derechos del artista bajo la Ley de Derechos de Artistas Visuales de 1990 (VARA). En la querella, se mencionan a la FIFA, a la empresa canadiense Slate Asset Management, propietaria del edificio en 505 N Akard Street, y a 3PZ Property Company, como responsables de esta decisión.
Andrea Perez, directora de la sección de arte de la firma Carrington, Coleman, Sloman & Blumenthal, enfatizó que este caso no solo se refiere a un mural; es una cuestión de respeto a la promesa que nuestras leyes hacen a los artistas de que su trabajo no será alterado o destruido sin su consentimiento. Así, el significado de esta disputa se extiende más allá del arte, tocando principios fundamentales del derecho de autor y la integridad artística.
A medida que se acercan los partidos de la Copa del Mundo en Dallas, que comenzarán el 11 de junio con el encuentro entre México y Sudáfrica, la controversia en torno al mural crece. Según informes locales, la ciudad sostiene que se solicitó permiso a Wyland antes de cubrir su mural, una afirmación que el artista ha negado categóricamente, afirmando que “es una mentira con mayúsculas”.
Un mes antes del inicio de los partidos, se llevaron a cabo los trabajos de pintura, y el Comité Organizador de la Copa Mundial de Fútbol de Norteamérica emitió un comunicado en el que se indicaba que un nuevo proyecto en el lugar “celebraría y fomentaría la emoción” por el evento. Mientras tanto, un portavoz del comité dijo que una “porción” del mural se preservaría como homenaje.
El reclamo de Wyland sostiene que FIFA, Slate y 3PZ autorizaron la destrucción del mural sin haberlo consultado. Sus abogados argumentan que, dado que el mural fue clasificado como una obra de gran reconocimiento, el derecho de integridad del artista le otorga la facultad de impedir su destrucción.
La historia detrás de “Ocean Life” se entrelaza con la comunidad de Dallas, donde el exalcalde Ron Kirk le entregó a Wyland la llave de la ciudad durante la inauguración del mural, que fue creado en colaboración con líderes comunitarios. Según la demanda, grandes empresas como JCPenney contribuyeron a su financiación.
La artista no solo es reconocido por sus murales, sino también por su labor divulgativa a través de su fundación, establecida en 1993, enfocada en la contaminación marina.
Al momento de escribir este artículo, FIFA no había respondido a las solicitudes de comentarios, y el Comité Organizador de la Copa Mundial de Fútbol de Norteamérica optó por no emitir declaraciones. Por su parte, Slate comunicó que había ofrecido el espacio para una nueva instalación artística tras haber sido contactado por el Comité Organizador, afirmando que se le aseguró que Wyland había sido notificado acerca de los planes para cubrir su obra.
A medida que la Copa del Mundo se acerca, la atención se centra no solo en el fútbol, sino también en la cuestión del arte, los derechos de los artistas y el legado cultural de una ciudad en transformación.
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