El descanso a mediodía ha generado opiniones divididas: para muchos es un ritual revitalizante, mientras que otros lo consideran innecesario. La práctica de dormir brevemente durante el día puede ser valorada, en especial por quienes sufren de cansancio postprandial, pero también se enfrenta a críticas de aquellos que no logran conciliar el sueño fuera de la noche.
El Dr. Matthew Ebben, profesor asociado de psicología y neurología clínica, aclara que la cuestión de las siestas es compleja. Su efectividad varía según la población. Por ejemplo, se sugiere que los atletas se beneficien de una siesta de aproximadamente 90 minutos, mientras que un descanso de 20 minutos es considerado ideal para evitar la letargia y maximizar la productividad. Esta recomendación ha sido adoptada no solo por investigadores del sueño, sino también por trabajadores de oficina y padres cansados, quienes aprecian la eficiencia de una pausa breve.
Además, existe el fenómeno de la “inercia del sueño”, un estado de desorientación que puede ocurrir al despertar de una siesta, lo que aumenta la sensación de cansancio en algunas personas. Debido a esto, determinar el momento adecuado para descansar se vuelve crucial. Es aconsejable realizar una siesta entre la 1 y las 4 de la tarde, horaria en la que el cuerpo suele experimentar un bajón en los niveles de energía.
La calidad del sueño nocturno también juega un papel importante en la necesidad de una siesta durante el día. Si una persona no logra obtener un sueño reparador por la noche, es probable que dependa de una pausa diurna para contrarrestar la fatiga. Sin embargo, es fundamental cuidar no solo de la duración del sueño diurno, sino de establecer un horario de descanso regular por la noche, ya que una siesta podría interferir con el sueño nocturno si no se tiene cuidado.
Finalmente, cada individuo tiene un requerimiento único de descanso en un ciclo de 24 horas. Es esencial entender que si una persona duerme lo suficiente durante la noche, puede que no necesite una siesta, pero si su descanso nocturno es insuficiente, no hay problema en repartirse el sueño entre día y noche.
Este delicado balance entre el sueño diurno y nocturno subraya la importancia de escuchar las necesidades del cuerpo y ajustar los hábitos de sueño en función de cada situación particular.
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