Hace algunas décadas, México se destacó como un actor clave en el ámbito de los ingredientes farmacéuticos activos (APIs), fundamentales para la producción de medicamentos. En los años 40, el país vio el surgimiento de Syntex, una pionera en la síntesis de esteroides hormonales, incluyendo la progesterona y los primeros anticonceptivos orales. Gracias a un modelo de sustitución de importaciones y políticas de protección a la industria, de 1940 a 1980, la producción local de estos principios activos llegó a representar casi el 80% de las necesidades nacionales, e incluso se exportaba a otros países de la región.
Empresas mexicanas como Senosiain y Silanes, junto a firmas extranjeras, desarrollaron tecnología avanzada en síntesis orgánica, respaldadas por un repunte adicional durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la apertura del mercado con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994 cambió drásticamente este panorama. La competencia de las economías asiáticas, que ofrecían precios bajos y escalas de producción enormes, provocó el cierre de muchas plantas en México. En la actualidad, solo el 4% de los APIs utilizados en el país son producidos localmente.
La pandemia de COVID-19 y las tensiones geopolíticas han revelado la vulnerabilidad de depender de importaciones lejanos para insumos tan esenciales. Hoy en día, India y China concentran casi todos los ingredientes farmacéuticos, siendo India responsable de casi la mitad de los registros ante la FDA y China ampliando rápidamente su capacidad de producción.
Ante esta situación, se plantea la necesidad de que Norteamérica trabaje en conjunto. Con el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), se vislumbra la oportunidad de regresar parte de esa producción estratégica a la región. Estados Unidos ha tomado medidas significativas, creando la Strategic Active Pharmaceutical Ingredients Reserve (SAPIR) para asegurar un stock de seis meses de 26 medicamentos fundamentales, priorizando proveedores locales. Además, ha agilizado la producción de materiales esenciales bajo la Defense Production Act, destinando fondos para relocalizar genéricos críticos.
Canadá también está invirtiendo en su estrategia de biomanufactura, con más de 1,200 millones de dólares en infraestructura, lo que pone de manifiesto un esfuerzo conjunto por fortalecer la cadena de suministro en el sector farmacéutico.
Un reciente análisis de la Brookings Institution sugiere que el futuro del sector debe centrarse en una cadena productiva inteligente entre los tres países, donde Estados Unidos lidere en investigación, México en manufactura y Canadá en regulación. Este enfoque podría no solo incrementar la seguridad sanitaria regional, sino también generar calidad en el empleo y un aumento en las exportaciones.
El nuevo enfoque de la presidenta Claudia Sheinbaum, con el Plan México, se alinea perfectamente con la reactivación del sector. Ya se han anunciado inversiones por más de 10 mil millones de pesos en proyectos que abarcan desde plantas de APIs hasta biomedicinas. Las autoridades están buscando acelerar los permisos necesarios para fomentar estas iniciativas, incluidas colaboraciones con empresas de distintas nacionalidades.
Sin embargo, también surgen inquietudes respecto a la compra de medicamentos y dispositivos médicos para 2027-2028. Recientes anuncios de Birmex han generado descontento, debido a cambios en el proceso de compra que limitan la competencia y favorecen a ciertos proveedores. Esto podría resultar en precios más altos y una crisis de desabasto en el sector salud, lo que representa un riesgo significativo para la estabilidad sanitaria del país.
El sector farmacéutico en México enfrenta una encrucijada. Las oportunidades actuales para acercar la producción y reducir dependencias son innegables. La capacidad para generar medicamentos localmente no solo significaría una mayor autosuficiencia, sino también una oportunidad de desarrollo económico en el contexto regional. En este marco, la figura de la nueva presidenta de AMELAF, Astrea Ocampo, podría ser clave para impulsar cambios positivos en la industria.
Por último, se perciben tensiones dentro de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma) que podrían llevar a cambios estructurales. Se anticipa que la próxima asamblea general considerará una expansión de su enfoque, incluyendo dispositivos médicos. Todo ello plantea un panorama interesante para el futuro del sector farmacéutico en México, donde la búsqueda de una producción compartida en Norteamérica podría ofrecer seguridad a largo plazo y posicionar a la región como un bloque sólido en el ámbito sanitario.
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