Un delicado hilo de seda cose los siete kilos del mantón que movía con gracia la emblemática bailaora Pastora Imperio. Este mantón, que ha trascendido fronteras y culturas, proviene de un galeón que conectó Asia con Europa durante más de dos siglos y medio. De hecho, la misma hebra anudó los bordados manufacturados en Cantón, al sur de China, haciendo de esta pieza un auténtico símbolo cultural español. El mantón de Manila, una prenda que ni siquiera es originaria de Filipinas, se presenta como el hilo conductor de una exposición que destaca a Cádiz como un puerto clave en la red comercial del Galeón de Manila.
La exposición titulada ¿Dónde vas con mantón de Manila? La ruta del Galeón que vistió a las españolas, inaugurada recientemente, reúne 27 mantones cuidadosamente seleccionados de la colección privada de la Fundación Perraut de Málaga. Estos mantones, confeccionados en diversos tejidos como tafetán y crespón, presentan una amplia variedad de estilos y decoraciones. Este recorrido no solo celebra una prenda, sino que también narra la historia de cómo un intercambio internacional la convirtió en un icono identitario para España.
Dolores Vargas, comisaria de la exposición, enfatiza la dualidad del mantón, que refleja un intercambio cultural que ha dado lugar a un símbolo nacional. Este año, la celebración del Día Mundial del Galeón, establecido por la UNESCO cada 8 de octubre, se centra en el mantón y su historia de ida y vuelta entre continentes.
La ruta transpacífica, que se inició en 1565 de la mano del agustino Andrés de Urdaneta, conectó Filipinas con Acapulco mediante expediciones comerciales anuales. Esta relevante conexión no solo facilitó el tránsito de mercancías, como la seda y la porcelana, sino que también propició un intercambio cultural entre las diferentes regiones involucradas. La seda, que provenía de Cantón, llegó a ser uno de los productos más valiosos, convirtiéndose en un objeto codiciado y hasta objeto de contrabando.
Durante el siglo XIX, el mantón se imbuyó de un nuevo significado social en España, asociándose en principio con mujeres de clases acomodadas y, más tarde, con figuras icónicas como las bailaoras y las manolas, mujeres gitanas que contribuyeron a su popularidad. La industria del mantón también floreció en localidades como Cantillana y Villamanrique de la Condesa, donde se desarrollaron técnicas artesanales para agregar flecos y bordados, reflejando la rica tradición artesanal del país.
La colección presentada en la Casa de Iberoamérica incluye no solo mantones icónicos, como uno que perteneció a Pastora Imperio, sino también delicadas cajas en las cuales estos se transportaban desde Cantón. Cada pieza tiene su propia historia que contar, reflejando el contexto social y cultural de su época.
Por otro lado, la exposición también ofrece una visión amplia sobre el uso del mantón más allá de la vestimenta; ha sido utilizado como accesorio decorativo en espacios como balcones y procesiones, sin perder de vista su lugar en el flamenco y su uso en el arte contemporáneo.
A través de esta muestra, se invita a los visitantes a no solo apreciar la belleza estética de los mantones, sino también a comprender su significado en un contexto más amplio de intercambio cultural que ha perdurado a través de los siglos. El mantón de Manila, con su rica historia, continúa siendo un símbolo de la interconexión global. Esta exposición podrá ser visitada en la Casa de Iberoamérica de Cádiz hasta el 9 de enero de 2024.
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