Esta semana que termina disfrutamos de la Rosca de Reyes en México. Se parte en familia, con amigos o con compañeros de trabajo; normalmente las tres veces. En realidad, no hay un límite de roscas que partir: es un pretexto para la sana convivencia, para compartir literalmente el pan y un chocolatito caliente que se prepara al momento con un molinillo de madera, muy tradicional en las cocinas mexicanas, que permite que espume el chocolate. Aunque también se come con alguna leche de sabor chocolate, fría o al tiempo, sobre todo en la oficina. En otro momento podemos hablar de las marcas que a los mexicanos se nos vienen a la cabeza cada vez que pensamos en chocolate caliente o en leche sabor chocolate.
El origen de la Rosca de Reyes se remonta al medievo europeo, particularmente francés y español, donde se celebraba el 6 de enero la Epifanía (que significa “manifestación”), el día en que el Niño Jesús se manifiesta al mundo a través de la visita de los Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar. Al llegar esas tradiciones a América e incorporarse al calendario virreinal, se reconfiguran y se mezclan con ingredientes locales –como el cacao– y con nuevas formas de sociabilidad. En México, la partida de la Rosca de Reyes marca el cierre del ciclo de las fiestas navideñas, que culmina en enero pero que, al mismo tiempo. se extiende hasta la Candelaria (2 de febrero) cuando quienes se sacan “el muñequito”, como coloquialmente le llamamos a la figura de plástico del Niño Jesús, invitan los tamales. Actualmente existen roscas que traen figuras de cerámica, piezas coleccionables de los distintos personajes del nacimiento: María, José, el ángel, un burrito, una vaca, el Niño Jesús.
La forma circular de la rosca tiene un origen cristiano que ha trascendido a la cultura y al plano afectivo. Simboliza el amor infinito de Dios, la eternidad o el tiempo cíclico que no tiene principio ni fin. No tiene inicio y todas las personas cortan su pedacito de donde quieren. El Niño Jesús oculto en la rosca también representa al bebé que ocultan del rey Herodes para salvarlo, para proteger lo sagrado.
Su decoración tradicional incluye franjas de azúcar y otras de frutas cristalizadas y ates de sabores y colores diferentes, aunque el membrillo no puede faltar. Originalmente se utilizaba acitrón en lugar de los ates, pero se obtiene del tallo de la biznaga, un cactus en peligro de extinción, cuya extracción implica la muerte de la planta. Las decoraciones representan las joyas de las coronas de los Reyes Magos, la abundancia y la diversidad. Aportan al diseño culinario color, olor, contraste y una textura reconocible por cualquier mexicano que ha crecido con la hermosa tradición de convivir frente a un pan que se comparte y que, al partirse, promete una próxima reunión.
Actualmente la tradicional rosca también se encuentra rellena, ya sea de nata, crema saborizada, guayaba, chocolate y otros sabores. Se produce en diversos tamaños, desde las pequeñas, medianas, grandes o gigantes, hasta las individuales que se compran como pan dulce para consumo personal.
La Rosca de Reyes tiene una función simbólica que se reconoce a través de su diseño en cuanto a forma, color, sabor y textura. Es culturalmente identificable y conlleva una convivencia social asociada a valores como comunidad, la tradición cristiana, la alegría y el afecto. Es importante conservar estas tradiciones que, por un lado, nos permiten convivir con quienes tenemos cerca y, por el otro, generan recuerdos invaluables en las niñas y los niños. Si se sacan el muñequito, esperamos los tamales. Nos vemos la próxima semana para seguir hablando de diseño.


