En el corazón de Guadalajara, un postre ha trascendido generaciones y se ha convertido en un símbolo cultural: la jericalla. Este manjar tiene sus raíces en el siglo XIX, cuando una monja jerónima española, en su dedicación a los niños de un orfanato local, decidió utilizar los ingredientes a su disposición para crear un alimento nutritivo. Inspirada por la crema catalana, fue en Jalisco donde la jericalla comenzó a tomar forma, marcando una clara diferencia con su cubierta caramelizada que se logra de manera natural en el horno.
El nombre “jericalla” nos remite a la región de Jérica en Valencia, lugar natal de la monja, aunque su legado se ha consolidado en tierras tapatías. Según la tradición oral, el postre nació en el Hospicio Cabañas, donde las monjas enfrentaban dificultades para alimentar a los pequeños, dependiendo de escasas provisiones. En un relato compartido por Ada Martínez, guía de turistas, se narra un episodio entrañable: una mañana, las monjas no contaban con más que leche, huevos, azúcar y canela. Al hervir la leche y mezclar los ingredientes, la monja se distrajo y dejó que las porciones a baño María se quemaran. Sin embargo, los niños, al probar el resultado, se mostraron encantados, descubriendo que incluso las porciones más quemadas tenían un sabor excepcional.
De esta anécdota, germinó una tradición que perdura hasta nuestros días. La jericalla no solo es un postre, sino un símbolo de la identidad y la hospitalidad de Jalisco. Para los tapatíos, cada vez que reciben a turistas, una de las recomendaciones más entrañables es disfrutar de este postre, que conecta con la historia local y con las fiestas mexicanas, representando la dulzura de la región de manera tan emblemática como el tequila o el mariachi.
Hoy en día, la jericalla es un deleite disponible en mercados, fondas y restaurantes, y se disfruta especialmente durante el mes de septiembre, un tiempo de celebración de los sabores mexicanos. La forma típica de prepararla incluye ingredientes sencillos y accesibles:
### Ingredientes (para 6 porciones):
– 1 litro de leche entera
– 1 raja de canela
– 1 taza de azúcar (aproximadamente 200 g)
– 1 cucharadita de esencia de vainilla
– 6 huevos grandes
– 1 pizca de sal
### Preparación:
1. Hervir la leche con la canela y la mitad del azúcar. Retirar del fuego y dejar entibiar.
2. Batir los huevos con el resto del azúcar, la sal y la vainilla.
3. Incorporar lentamente la leche templada sin cuajar los huevos.
4. Verter la mezcla en moldes individuales y hornear a 180 °C en baño María durante 50-60 minutos, hasta que la superficie se dore y caramelice de manera natural.
5. Una vez enfriada, servir fría o a temperatura ambiente.
Un detalle especial de la cultura local es que, entre los tapatíos, existe la tradición de competir por la jericalla más dorada, ya que su sabor es considerado más intenso y delicioso.
Este postre, simbolizando la mezcla de historia y cultura, continúa ocupando un lugar especial en la mesa de los jaliscienses, recordando la dulzura de la herencia culinaria de Guadalajara.
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