La fuerza laboral de México enfrenta una significativa desventaja en la formación universitaria en comparación con otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Actualmente, solo el 22% de los adultos de 25 a 64 años en el país posee un título de educación superior, muy por debajo del promedio del 43% de la OCDE, lo que significa una brecha de 21 puntos porcentuales, según el reporte Panorama de la Educación 2026.
Esta disparidad cobra especial relevancia en el ámbito de los estudios de posgrado. A nivel de licenciatura o equivalente, México alcanza un promedio del 20%, alineándose con la OCDE. No obstante, la cifra se desploma en el caso de las maestrías, con apenas un 2% de la fuerza laboral mexicana que cuenta con este grado académico, frente al 14% en el resto de los países miembros.
La proporción de personas con formación superior refleja una demanda creciente en el mercado laboral para trabajadores calificados. Las titulaciones en diversas licenciaturas y maestrías son claves para acceder a empleos en sectores intensivos en conocimiento. Sin embargo, el rezago en la formación no se limita únicamente al acceso a la educación superior. También se observa una preocupación en la titulación de bachillerato, donde México presenta una notable brecha. De hecho, alrededor del 50% de la población adulta en el país no ha finalizado la educación secundaria superior, cifra alarmante en comparación con el promedio del 18% en la OCDE.
A pesar de las mejoras en las generaciones más jóvenes, el camino por recorrer es extenso. La proporción de mexicanos de 25 a 34 años sin estudios de educación media superior ha disminuido del 55% en 2015 al 40% en 2025. Aun así, este porcentaje triplica el promedio de la OCDE, que se sitúa en un 12%.
La calidad de la formación laboral se ha identificado como un factor crítico que afecta la productividad en el país. El Programa Especial para la Productividad y la Competitividad 2025-2030 destaca cómo una incorrecta asignación del talento y la falta de capacitación adecuadas son obstáculos relevantes para el crecimiento sostenible de la productividad.
El potencial de la fuerza laboral mexicana es notable, ya que supera en número a la de Colombia, Chile, Perú y República Dominicana juntas. Sin embargo, la capacitación de la mano de obra tiende a ser inferior. Aproximadamente el 47% de los adultos en edad laboral poseen únicamente educación básica. En contraste, en otras economías, esta cifra se reduce a una cuarta parte de la población trabajadora.
En cuanto a la población de jóvenes de 18 a 24 años que no estudian ni trabajan, se ha registrado una caída en la última década, pasando del 23% al 19%. No obstante, este porcentaje sigue siendo alarmante en comparación con el promedio del 13% en la OCDE. Los jóvenes que no participan en la educación ni en el mercado laboral representan una preocupación política significativa, dado que los períodos prolongados de inactividad durante la juventud pueden tener efectos negativos a largo plazo en su desarrollo socioeconómico.
El panorama educativo y laboral en México resalta la necesidad urgente de políticas eficaces que fomenten la capacitación y el acceso a una educación de calidad. Sin duda, invertir en el futuro del talento joven será clave para cerrar las brechas y potenciar la competitividad del país en el escenario internacional.
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