El papa León XIV, de 71 años, fue diagnosticado con cáncer de pulmón y se sometió a una cirugía de 90 minutos para extirpar el lóbulo inferior del pulmón derecho en el Hospital Gemelli de Roma. El Vaticano informó que el pontífice pasó una noche tranquila y que se darán más detalles sobre su estado de salud durante el día.
Antes de la operación, el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede había confirmado el viaje del papa a Uruguay, Argentina y Perú, pero ahora existe incertidumbre debido al diagnóstico. León XIV es la máxima autoridad de la Iglesia católica y del Estado Vaticano, por lo que su liderazgo es fundamental en los ámbitos religioso, administrativo y diplomático.
Cuando el papa no puede ejercer sus funciones de forma presencial, la administración recae en la Curia Romana, el órgano de gobierno eclesiástico, y en particular en el secretario de Estado del Vaticano, cargo que actualmente ocupa el cardenal Pietro Parolin. Este último supervisa los asuntos diplomáticos y administrativos y actúa como una especie de "primer ministro del Vaticano.
Parolin ha expresado preocupación por la salud del papa y comentó que habló con él la noche del lunes, lo que le dio tranquilidad. Destacó que el cáncer fue detectado a tiempo y que normalmente, en estos casos, la situación puede resolverse.
Sin embargo, la autoridad del secretario de Estado no reemplaza la del pontífice, ya que no puede tomar decisiones exclusivas del papa, como nombrar obispos o aprobar canonizaciones. Estas funciones son exclusivas del pontífice y tampoco hay un protocolo claro para delegar el liderazgo si el papa está incapacitado.
El derecho canónico contempla procedimientos para la sucesión papal en caso de muerte o renuncia, pero no define qué sucede si el papa está vivo pero impedido de gobernar. El Canon 335 menciona la posibilidad de que la Santa Sede esté vacante o totalmente impedida, pero no especifica qué significa esta última ni cómo actuar en ese caso.
En contraste, para los obispos sí existen normas que permiten la administración por parte de un obispo auxiliar o vicario general si el titular está impedido. En el caso del papa, la única opción teórica sería que renunciara a su cargo.
En 1965, el papa Pablo VI planteó la posibilidad de que, en caso de enfermedad grave, el decano del Colegio Cardenalicio y los cardenales aceptaran la renuncia del pontífice. Francisco confirmó en 2022 que había dejado una carta de renuncia para ser usada en caso de incapacidad médica, pero el derecho canónico exige que esta renuncia sea libre y manifiesta", lo que genera dudas sobre cómo activarla si el papa no pudiera expresar su voluntad.
Filipe Domingues, especialista en asuntos del Vaticano, explicó que si el papa tuviera una enfermedad como Alzheimer y no pudiera decidir por sí mismo, alguien de la Secretaría de Estado debería hacer pública la carta y presentar un informe médico. En 2021, un grupo de expertos sugirió que el Colegio de Cardenales debería asumir la gestión de la Iglesia en caso de incapacidad total del papa y designar una comisión médica para evaluar periódicamente su salud, activando un proceso para elegir sucesor si fuera necesario.
No obstante, hasta ahora el Vaticano no ha implementado ninguna de estas propuestas, por lo que la Iglesia carece de un mecanismo formal para manejar la incapacidad prolongada de un pontífice.
Datos basados en información reportada originalmente por bbc.com/mundo.






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