El Impuesto al Valor Agregado (IVA) es un tema que ha suscitado interés y debate en México, especialmente a la luz de las transformaciones económicas, sociales y tecnológicas. A diferencia de las épocas pasadas —1980, cuando fue creado, 1995, cuando se incrementó al 15% y 2010, con el establecimiento del 16%—, hoy nos enfrentamos a nuevas realidades que requieren un enfoque distinto.
Históricamente, el IVA se ha diseñado desde la necesidad de financiamiento del gobierno. Sin embargo, la discusión actual debe ir más allá de la mera maximización de la recaudación para adoptar un enfoque más integral que considere la equidad social. Este impuesto ha demostrado ser enormemente regresivo: los hogares de bajos ingresos gastan casi el 75% de sus ingresos en productos gravados, mientras que aquellos en la cúspide de la pirámide, apenas el 10%. Esto subraya la falta de proporcionalidad y equidad del IVA actual, haciendo evidente que los hogares menos favorecidos suelen consumir alimentos de menor calidad y menores nutrientes.
Además, se enfrenta al problema de la evasión y el uso de efectivo, promoviendo así la informalidad y la opacidad. En este contexto, la implementación de tecnologías avanzadas podría ofrecer soluciones efectivas. Instrumentos como el Comprobante Fiscal Digital por Internet (CFDI) y el Registro Federal de Contribuyentes (RFC) facilitan una trazabilidad que no existía anteriormente, permitiendo una mejor identificación de las contribuciones fiscales.
Una de las propuestas más audaces es la implementación de un IVA Personalizado (IVAP). Este modelo busca no solo ampliar la base tributaria sino también compensar de manera más efectiva a los hogares de menores ingresos. El IVAP permitiría devolver impuestos o realizar transferencias vinculadas al consumo, utilizando la información de facturas electrónicas y otros registros administrativos, como el Padrón Único de Beneficiarios.
Adicionalmente, una variante de este modelo, el IVAP-K, podría facilitar la acumulación de capital. En lugar de limitarse a proteger el consumo presente, este sistema permitiría financiar ahorro, educación y emprendimiento, contribuyendo al desarrollo a largo plazo del individuo. La conexión entre el cumplimiento fiscal y la acumulación de patrimonio se vuelve crucial, desincentivando el uso del efectivo y fomentando la formalización de las actividades económicas.
En cifras, en 2025, el IVA representó aproximadamente el 4.2% del PIB en México, una cantidad comparablemente baja en comparación con naciones de América Latina como Chile y Argentina, que recaudan 8.6% y 7.4%, respectivamente. La implementación del IVAP podría elevar la recaudación a niveles más competitivos dentro de la región.
Recientemente, durante un foro dedicado al crecimiento sostenible, esta propuesta fue entregada a diversas autoridades gubernamentales, marcando un paso hacia un enfoque más moderno y evaluable en la gestión tributaria en México. Esta innovadora propuesta tiene el potencial de no solo mejorar la recaudación fiscal, sino, más crucialmente, de generar un impacto positivo en las vidas de los hogares menos favorecidos del país.
La oportunidad está sobre la mesa; se trata de replantear nuestro enfoque hacia el IVA no solo como un mecanismo de recaudación, sino como un instrumento que pueda contribuir a la equidad y el desarrollo económico sustentable en México.
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