En México, el amaranto ha vivido durante años en la sombra de su rica historia, frecuentemente asociado con ferias y dulces azucarados que han diluido su verdadero potencial nutricional. Durante mucho tiempo, este alimento, que es esencialmente parte de la memoria colectiva de muchos mexicanos, se ha visto reducido a versiones saturadas de azúcar, dejando de lado sus propiedades como uno de los alimentos más nutritivos del planeta.
Hellen Kalach, cofundadora de la marca I amaranth, ha observado esta contradicción e intenta romper con la idea de que el amaranto debe ser visto solo como un producto de feria. En una reciente entrevista, explicó que una típica barra de amaranto podría contener hasta un 40% de azúcar, lo que plantea la pregunta: ¿cómo puede el amaranto ser transformado en un producto que no solo sea saludable, sino también deseable?
Nace así I amaranth, una empresa mexicana que ha tomado esta semilla con más de 7,000 años de antigüedad y la ha llevado a competir en un mercado dominado por botanas ultraprocesadas como papas fritas y galletas. Desde su fundación, I amaranth ha logrado colocar sus productos en más de 1,800 puntos de venta en México y Estados Unidos, incluyendo cadenas como Costco y El Palacio de Hierro.
El enfoque de la marca es claro: el “snacking” no solo debe ser saludable, sino también sabroso. Alberto Kalach, cofundador y hermano de Hellen, enfatiza que el sabor es lo que decide si un producto es comprado nuevamente. Así, I amaranth no busca ser una alternativa de castigo; su meta es competir en el campo del antojo, ofreciendo sabores vibrantes y texturas satisfactorias sin comprometer la salud. Esto se traduce en productos como chips, galletas y obleas elaborados con ingredientes de alta calidad, usando aceite de oliva extra virgen y evitando conservadores y colorantes.
Más allá de su enfoque en la salud, Hellen Kalach destaca la importancia del amaranto como parte de la identidad alimentaria mexicana. En este sentido, el amaranto se presenta no solo como un ingrediente, sino como una parte fundamental de la cultura alimentaria del país, que en tiempos prehispánicos fue altamente valorada. Su riqueza nutricional incluye la ausencia de gluten y un contenido variado de minerales y proteínas vegetarianas completas.
Además, la empresa se compromete con una cadena de suministro responsable. El amaranto se obtiene de productores locales de Tlaxcala y Puebla, mientras que el cacahuate y la miel provienen de Chiapas y Campeche, respectivamente. Hellen y Alberto Kalach se involucran directamente con los agricultores, reafirmando su compromiso con las comunidades que cultivan estas semillas.
Desarrollar productos innovadores y atractivos ha sido todo un reto. Por ejemplo, el cacahuate cubierto, un snack popular, enfrentó complicaciones al eliminar el uso de harina frita, lo que requería una nueva forma de conservar la textura y el sabor. Esta es una muestra de la meta de I amaranth: no solo insertar amaranto en productos existentes, sino rediseñar categorías enteras de snacks.
La compañía también ha sabido adaptarse a un consumidor moderno que exige más de sus alimentos. A medida que la conciencia sobre la salud alimentaria crece, los consumidores comienza a revisar no solo el sabor, sino también los ingredientes y las propiedades nutricionales. Sin embargo, persisten barreras como el escepticismo respecto al sabor de los productos saludables. I amaranth se enfrenta a este desafío ofreciendo muestras, asegurando que los consumidores experimenten primero el sabor antes de juzgar la calidad nutricional.
La marca ha experimentado un crecimiento notable desde su inicio, aumentando su presencia en México de 300 a 1,200 tiendas en cuatro años. En Estados Unidos, donde el amaranto aún no es tan conocido, ha pasado de una prueba piloto en 50 tiendas en 2021 a estar presente en 600 establecimientos para 2025. Sin embargo, la tarea no solo es vender, sino educar a los consumidores estadounidenses sobre el valor y la versatilidad del amaranto.
Hoy en día, cada bolsa de I amaranth no solo representa un producto alimenticio, sino una intersección de agricultura, industria, salud y patrimonio cultural. La visión de la marca es clara: llevar un ingrediente local a la conversación internacional, y demostrar que, al dejar de ver los alimentos ancestrales como reliquias del pasado, pueden convertirse en la base de un futuro alimentario más saludable y sostenible.
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