Con la resaca del desalojo el sábado del expresidente chino Hu Jintao aún zumbando en la cabeza, nada podía salirse del guion escrito para este domingo y para entrar en los libros de historia: Xi Jinping se ha asegurado el control absoluto en la cúpula del Partido Comunista de China, convirtiéndose en el líder más poderoso desde la era de Mao Zedong. “He sido reelegido como nuevo secretario general”, ha anunciado él mismo. Xi embrida un tercer mandato sin precedentes y logra colocar en el Comité Permanente, el máximo órgano de poder, a otros seis “camaradas”, todos hombres y todos de su plena confianza. “Os son bastante familiares”, ha asegurado Xi sobre ellos en la tradicional comparecencia de la nueva cúpula ante los medios chinos y extranjeros.
El nuevo equipo de Xi supone una configuración a su medida, en la que el presidente queda despojado del corsé de otras facciones del partido, dinamitando el sistema de equilibrios y contrapesos que se había respetado en las transiciones de las últimas décadas. Tampoco señala a ningún un sucesor, lo que abre la puerta a que Xi revalide su cargo al menos un cuarto mandato, hasta 2032.
Los siete han irrumpido en el salón dorado del Gran Salón del Pueblo, en la plaza de Tiananmén, a través de una enorme puerta con motivos de oro, han subido lentamente al estrado, con Xi en cabeza, y se han alineado respetando un estricto orden jerárquico en torno al líder: Li Qiang, Zhao Leji, Wang Huning, Cai Qi, Ding Xuexiang y Li Xi. Los seis elegidos para acompañar a Xi en lo alto de la mastodóntica pirámide del poder chino han posado inmóviles como soldados mientras el nuevo secretario general los presentaba uno a uno.
La rigurosa disposición en la que ha comparecido el nuevo Comité Permanente en una ceremonia en la que nada queda al azar es relevante: permite saber de manera aproximada la composición de las instituciones claves de China. El número uno —Xi— será con toda probabilidad el próximo jefe del Estado; el número dos suele ocupar el cargo de primer ministro; el tres, suele estar al frente de la Asamblea Nacional Popular. Pero estos puestos no son oficialmente nombrados hasta marzo, cuando se reúne la Asamblea y se completa la transición política.
Xi aspira en marzo a un tercer mandato sin precedentes como jefe del Estado, afianzando de forma definitiva su poder, tras haber alicatado en 2018 una reforma de la Constitución china que eliminó el límite de dos mandatos previsto para ejercer la presidencia.
Entre los nombramientos, destaca el de Li Qiang, nuevo número dos, tras la salida de Li Keqiang, considerado un contrapeso de Xi, pero también uno de los premier más débiles de las últimas décadas. Esta vez no habrá equilibrio. El puesto, si se confirma en marzo, quedaría en manos de una persona que ha demostrado fidelidad total a Xi. Li Qiang ejercía hasta ahora como secretario del partido en Shanghái, la megaurbe que vivió este año un confinamiento de más de dos meses. Muchos censuraron entonces sus contundentes medidas, y estimaron que podrían suponer un lastre en su ascenso. No ha sido así y algunos analistas interpretan ahora lo contrario: el cerrojazo fue un modo de reafirmar su adhesión a las políticas de Xi, que es quien se encuentra en última instancia detrás de la estricta política de cero covid.
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El “sueño chino”
Solo permanecen tres de los siete miembros del anterior Comité Permanente. Además de Xi, continúan el número tres, Zhao Leji, con sobradas credenciales de fidelidad al frente de la división anticorrupción interna, y el cuatro, Wang Huning, uno de los ideólogos más reputados del partido. Su mano se encuentra detrás de algunos de los eslóganes y líneas de pensamiento clave de Xi, como el “sueño chino”, aunque también ha ayudado a perfilar algunas de las ideas clave de sus antecesores, los expresidentes Hu Jintao y Jiang Zemin. Wang estudió una temporada en Estados Unidos, lo que le movió a escribir en 1991 un libro titulado América contra América, que ha resultado profético para muchos en China: volvieron a leer sus páginas con una nueva mirada tras el asalto al Capitolio y el jaque a la democracia en Washington de principios de 2021.
También ha entrado en el nuevo equipo, como número siete, Ding Xuexiang, que es secretario personal de Xi y actualmente dirige la poderosa oficina general del Comité Central. Su segundo en este organismo fue uno de los dos hombres que ayudaron a desalojar este sábado al expresidente Hu del cónclave, según permite ver la ampliación de una de las fotografías de la agencia AP difundida por uno de sus fotoperiodistas afincados en Pekín.
El Comité Permanente es el vértice de poder de un partido que en China es más importante que el propio Estado. Técnicamente, emerge del Comité Central, el tercer escalón de la pirámide de poder, cuyos 205 miembros fueron elegidos en la jornada anterior, durante la clausura del 20º Congreso del Partido Comunista; estos 205, a su vez, han elegido este domingo, tras su primera sesión plenaria, a los 24 nuevos miembros del Politburó (el segundo escalafón) y a los siete del Comité Permanente, el vértice superior de la maquinaria del partido, en cuya cumbre se encuentra Xi. En el nuevo Politburó no ha salido elegida ninguna mujer. En el anterior solo hubo una.
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Datos basados en información reportada originalmente por elpais.com.





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